El Escribidor.

Miércoles, 9 noviembre 2005

“Super Size Me”

Filed under: Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 11:03 am

El fin de semana acompañé a Andrea a un asado. Andrea está terminando su beca y gran parte de su trabajo/estudio consiste en atender innumerables niños mañosos en un consultorio en Puente Alto. Y este asado era de la gente del consultorio. Andrea es alta y se mantiene delgada, pero varias veces me ha contado historias sobre las secretarias o enfermeras del consultorio diciéndole que está "desnutrida" o "anoréxica". Al entrar al asado me di cuenta por qué. El 70% de las trabajadoras de la salud eran claramente obesas. Gran parte del resto estaban con sobrepeso. Cuando yo estaba en mi tercera repetición de asado, una de las gorditas sacó un comentario al que ya me estoy habituando: "No sé como puede comer tanto y estar tan flaquito". (flaquito= 75 kilos). Me dieron ganas de decirle que yo iba en el tercer plato de carne, arroz y ensalada mientras ella ya iba en su segunda torta con crema, sin contar la marraqueta y la cocacola con azúcar con la que acompañó su "platito". Y que probablemente mientras ella está tomando "onces" (onces=dos marraquetas) yo estoy trabajando o caminando. Pero me dio lata polemizar en asado ajeno, así que puse mi mejor sonrisa de imbécil y seguí mascando mi lomo vetado que, por cierto, estaba buenísimo.

Al día siguiente fuimos a ver "Super Size Me" y me sentí apoyado por el valiente Morgan Spurlock que se atreve a sacar la voz por los "flacos" en un país (y un mundo) que parece ir camino a la dictadura de los gordos y gordas sedentarios. Más allá de los McDonnalds que sirven para unir y tangibilizar el discurso el mensaje es claro: ser guatón no es un chiste. Ser guatón es nocivo, es un problema de salud pública (creciente en Chile) y es un problema perfectamente evitable.

Aunque mi opinión es que la responsabilidad final no es de los productores, sino de la persona que finalmente compra la hamburguesa, el paquete de cigarros o la botella de pisco, Spurlock logra hacernos pensar en ciertos puntos fundamentales: ¿Qué pasa con los niños? Hoy nos aterraríamos si viéramos a Chiletabacos haciendo publicidad en los colegios; pero aceptamos sin pensarlo las cajitas felices, el bueno de Ronald y para que hablar de la industria de "snacks", galletas, chocolates, papas fritas y demases cacas envasadas. Hay una escena del documental en que Spurlock entra a un colegio y muestra los "almuerzos" que comen niños de cinco o seis años: bebidas con azucar y tres paquetes de papas fritas, galletas de chocolate y un helado… y así sucesivamente.

Recordé a mis amigos mostrando con "orgullo" sus poncheras. Libertad ante todo y a cada cuál lo suyo, pero si la obesidad superará al cigarrillo como causa de muerte evitable, mostrar la "ponchera" debiese ser igual de enaltecedor que mostrar que fumas una cajetilla al día. Y una persona obesa comiendo pasteles con crema debiese sentirse igual de culpable que un tipo con efisema o cancer de garganta fumando un cigarrillo mientras escupe pedacitos de pulmón… suena fuerte, pero así no más es.

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1 comentario »

  1. […] Cómo pasar las vacaciones de invierno sin ir a ver una de vacaciones de invierno. Doblada en chilenizado español, con colas para entrar al estacionamiento del Hoyts y una sala llena de niñitos que, por suerte, se portaron muy bien y se rieron mucho. Y no sólo ellos. Porque “Vecinos Invasores” es como la película bizarra (del mundo bizarro, de los superamigos) de Superman Regresa. Si Superman era un Hindenburg de espectativas infladas, para Vecinos Invasores no podía tener la vara más baja. La fui a ver sólo porque soy un buen marido y para Andrea una película con animalitos tiernos que se tiran flatos es simplemente irresistible. Y además yo la había llevado a lo de Superman, así que había que pagar. Pero “Vecinos Invasores” pica, como ardilla maníaca, desde su bajo perfil y sorprende, gusta y saca infantiles, sanas e inocentes carcajadas. Sin la poesía de Nemo o Monsters, o el foco adulto de Shrek o Los Increíbles, Vecinos Invasores se la juega por la misma combinación que Madagascar. Humor y animales. Nada nuevo, es cierto. Pero nunca nos cansaremos. De hecho, Vecinos es hasta explícita en homenajear a sus fuentes. Todos los viejos de la sala recordamos al Oso Jogi al comienzo y a Pepe Le Puff después. Y está él clásico esquema de cazador desagradable e inútil tratando de cazar a presa adorable, hábil y afortunada. Tampoco nos cansaremos de eso. La inevitable moraleja que conduce la trama es bastante predecible, pero no molesta, sino que aporta sin monopolizar y entorpecer lo realmente divertido. Y además de todo eso, sutil, pero subversivamente una crítica venenosa, agudísima y demoledora al estilo de vida suburbano-gringo, basado únicamente en tener una casa linda, un 4×4 amenazante y luego vivir para ver televisión y comer chatarra. La secuencia de el mapache explicando cómo la vida humana gira en torno a la comida ya se la hubiera querido Spurlok en “Super Size-me”. Aunque a la salida ninguna mamá pareció conmovida mientras sus hijos devoraban chocolates y gaseosas azucaradas. Los monos tiernos debilitan la ironía. Y además, acá es muy diferente. Nosotros no tenemos ardillas. […]

    Pingback por El Escribidor. » “Vecinos Invasores” — Lunes, 7 agosto 2006 @ 12:09 pm | Responder


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