El Escribidor.

Lunes, 28 noviembre 2005

Samir tose sangre.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 3:08 pm


El Viernes pasado hablé de Fatality y publiqué una foto de Samir Nazal metiendo un gato dentro de un frasco. "Gato Bonsai, arte milenario," es la explicación del sensei cuando es interrogado por su discípulo de pocas luces.

¿Quién es Samir? ¿Cómo diablos actuó en un corto de artes marciales de bajo presupuesto? ¿Cómo lo conocí y cómo lo convencí? ¿A quién puede importarle?

Si yo fuera Tim Burton, Samir sería mi Vincent Price. Mi Brando si fuera Coppola o mi propio Murray si fuera Wes Anderson. Mi propio Melquíades sin astrolabio. Comparaciones buenas… y que realmente nos gustaría que fuesen verdad. Pero probablemente lo nuestro, como dice Rondamón, es una dupla chilenizada de Lugosi y Edward D. Wood Jr.

A Samir, maestro de poetas y sobreviviente de opresiones y cataclismos lo conocí, irónicamente, estudiando Ingeniería Comercial. Un centro de alumnos disperso y emprendedor decidió financiarnos un taller literario a los cinco gatos que escribíamos o, mejor, tratabamos de escribir cosas distintas a los resúmenes de economía o maketing.

Samir enamoró instantáneamente a las lindas y fervorosamente católicas chicas que asistían al taller tratando de cultivar las buenas artes de futuras esposas lectoras, sedujo con su sonrisa bonachona a los aspirantes a Huidobritos y Nerudillas malos para los versos, pero despertó de inmediato mis sospechas de prosista y narrador intransigente. De adonde había salido éste viejo sonriente y bonachón, incapaz de hacer una sola crítica a los adefesios lenguísticos que leíamos con los ojos empañados.

Eso hasta que lo vi jugando de local. Tuve que ascender en la oscuridad al purgatorio. Tres pisos de infernales escaleras en el barrio toesca para llegar a la madriguera se Samir: luz tenue, mucho humo, humedad, vino en caja, el Che, Marilyn en pelota, dibujos varios y recortes variopintos en las paredes. Rodeando al maestro; los verdaderos poetas: los alcohólicos, los tartamudos, los travestis. En un rincón, asustadísimas, las niñas lindas de la Católica. En el centro, el maestro. Fumando y tosiendo en el limbo de la borrachera, riendo de verdad y deteniendo al poeta que desgarraba sus entrañas y las exhibía doliente ante nuestros anchamente abiertos de novillos literarios: "Sabes que más, me muero de lata. ¡Me aburrí! Me cansé de los Baudelaires de estación Mapocho… qué pase el siguiente." Ahora si que nos estamos entendiendo, pensé casi en voz alta… Qué es literatura, Samir… y tú me lo preguntas… literatura eres tú.

Desde entonces lo adopté como maestro por la fuerza. Le llevé mis cuentos que leyó y marcó incansablemente. "Dices las cosas bastante bien," decía. "El problema es que no tienes nada que decir." Ahora entiendo la crítica, pero es un mal generacional. Pero entonces seguí insistiendo. Samir tarjaba y tarjaba adejetivos y me presentó a Hemingway. Y aprendí de él. Mucho.

Fatality fue la guinda en el postre de nuestro idilio creativo. Samir hizo un triple papel. Como Franco, dueño de los video juegos con una peluca negra horrorosa, como el ciego con abrigo en pleno enero y como el Sensei, el único papel que realmente le acomodó, tratando de usar metáforas para explicarle la naturaleza de la vida a un discípulo que realmente no entendía nada. Samir llegaba a las grabaciones trasnochado y el maquillador alegaba porque el alcohol en su transpiración despegaba las cejas falsas. Samir se olvidaba de los parlamentos y sobreactuaba como actor de teleseries. Pero ponía todo de su parte. Aguantaba al sol o parado en el frío. Conversaba con todo el mundo y era el único que no terminaba agarrándose (literalmente) a patadas (que quieren, eran artes marciales).

Con Fatality dejé de intentar literatura. Mucho y muy solitario esfuerzo para nosotros, apatotados y narcisistas mendigos de inmediatez y aplausos. Luego vino Kill Bill y le agradecí a Tarantino al coincidencia creativa y el haber hecho lo que quise, pero no pude. Después vino Play y me pregunté si Alicia Scherson había visto Fatality en algún festival. Porque la gratuita escena de la pelea no puede sino ser un secreto homenaje. Aunque a Samir nunca lo tuvo como maestro, eso es seguro. Y Samir siguió su carrera ascendente y fue la némesis de Ricardo Liaño en "Un hombre aparte" inmoral y soberbio documental/ficción que está en mi top 5 de pelis Chilenas. Y dejé de ver a Samir. A frecuentarlo cada vez menos y hacerme cada dos meses el firme e incumplido propósito de pasar a verlo uno de éstos días.

Ayer me llamó Ritch. Ex aspirante a poeta e hijo fiel de Samir; lo continúa viendo y ayudando. Ritch es el hijo fiel y yo soy el pródigo. Ritch va a cazar animales al monte y se los cocina. Yo me pongo mis pieles de cabrito y me quedo con la primogenitura. No importa lo que Ritch haga, Samir me quiere más a mi, al ingrato. Ritch me dijo que había comido con Samir y samir había tosido sangre. Estaba preocupado y yo también me preocupé. Andrea, por teléfono, lo tranquilizó. Era poca sangre, así que debe ser de nariz. Al cortarle a Ricardo, me quedé pensando. Tal vez es una advertencia y debo ir a ver a Samir. Andrea me dijo que no me sintiera culpable.

-No me siento culpable, yo tengo asumido mi egoismo – dije- sólo me arrepiento de no haber visto a Samir y pensar que puede morirse en cualquier momento.

-Eso es sentirse culpable -sentenció Andrea con sabia simplicidad.

Pude ser, pensé. Pero ésta semana voy sin falta a ver a Samir. Total, igual estará feliz de verme. Capaz que, en una de esas, hasta mate un cordero.

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3 comentarios »

  1. […] El SANFIC (Santiago Festival Internacional de Cine) pasado estaba ayudando en la producción de “XX” el corto de Jiménez, así que no pude ni aparecerme. Ahora estoy sepultado en postulaciones y formularios, así que casi tampoco aparezco. Decidí arrancarme el Domingo a ver por lo menos una. Dudé entre “Bienvenidos a New York” de los inmensos Perut y Osnovikov (geniales responsables de “Un hombre aparte”, probablemente el mejor documental de todos los tiempos, coprotagonizado nada menos que por Samir) y ésta película Argentina sobre un guardaespaldas introvertido, humillado y, a la larga, medio, o completamente loco. No puedo evitarlo, me caen bien los argentinos, me gusta Buenos Aires, la literatura rioplatense (argentinos, uruguayos… el mismo mate) y me encanta el cine que están haciendo. Como muchos, me sentí estafado y privado de algo con las muertes sucesivas de Bielinsky y Rebella y yo creo que todo ésto me llevó a elegir “El Custodio” como “la” película que vería éste festival. Y la verdad es que me encantó. No es para todo los gustos. Los planos son largos, el ritmo es casi siempre lento y parece como si nunca pasara nada. Andrea, a mi lado, habiendo escuchado que la película había ganado un premio de guión me preguntaba “¿qué guión?” Y bueno, puede haber influído mi barra-argentina (tal vez si la película hubiese sido Francesa salgo puteando), pero me pareció que en “El Custodio” sólo “parece” no pasar nada pero en realidad está pasando mucho, sólo hay que saber ponerse en el lugar del protagonista y verlo. En definición gringa: “El Custodio” es mini-plot (o sea todo pasa amortigüado e implícito) versus otras películas que también abundan en festivales de cine que son non-plot (o sea, no pasa nada) y merecen ser quemadas y olvidadas para siempre. Lo bonito de ver una película como ésta en un festival es que la sala en lugar de estar vacía, como estaría en el cine Tobalaba o El Biógrafo (donde seguro estará si la llegan a estrenar acá) está llenísima y además tienes al director respondiendo preguntas al terminar la película. Primero en el escenario con micrófono y luego a la salida de la sala, parado como cualquier hijo de vecino para que El Escribidor-groupie se acerque a preguntar boludeces. Como muy bien balbuceó Rodrigo Moreno, el director (físicamente igual a Nicolás López, pero introvertido, serio y tímido, o sea un Nicolás López bizarro) “El Custodio” es una película sobre un punto de vista. Mientras en la vida del ministro y su familia pasan cosas “importantes”, la película gira la cámara y la atención en algunos grados y se centra en el guardaespaldas (Julio Chávez de “Un Oso Rojo”, magistral). La intención se cumple a cabalidad. La importante vida política y familiar adquiere, desde la mirada de “El Custodio” un halo de inocomprensión, superioridad y corrupción progresiva. El Custodio pasa sus horas y días esperando, fumando y mirando por ventanas, volviéndose invisible, apenas la sombra de una persona, pendiente de cuidar a un ministro chanta al que nadie (¿nadie?) podría querer matar. Como contrapunto al silencio, espera y quietud de su trabajo, el custodio se enfrenta a una infernal vida familiar de ruido, ridículo e insoportable vergüenza ajena. La escena en el restaurante chino y la secuencia posterior debe ser fácil lo más socialmente angustiante, vergonzoso y decadente jamás filmado. Esa secuencia corta literalmente en dos la película. Luego de eso, entendemos por qué el custodio quiere desaparecer en una vida sin vida… o algo así. Al salir de la película tuve una pequeña conversación de pasillo con Rodrigo Moreno, el guionista y director. Se las cuento, pero sólo léanla si ya vieron la película. Contiene “spoilers”. Lo primero que le pregunté fue sobre el final. El final de el custodio es todo un tema, porque está muy al borde. Al borde de ser gratuito e inmotivado, pero al borde de ser genial e inevitable. Supongo que depende del espectador, pero, como sabemos, toda la película se está jugando con esa decisión. En cualquier caso es un final arriesgado. Traiciona de cierta forma el tono “menor” de la película y su preparación previa es (me parece que intencionalmente) mínima. Así que le pregunté a Rodrigo si siempre tuvo ese final en mente. – Absolutamente -me dijo-. Creo que las películas se justifican en la medida que cuenten cosas fuera de lo común. El final era totalmente necesario para la película y el personaje. Luego le pregunté qué tan ferreo era con su guión. Me dijo que a veces improvisaba cosas de la puesta en escena, pero nunca diálgos. En las escenas colectivas, como la del retrato o la del restaurante, hicieron ensayos con improvisación, pero luego él volvió a reescribir el guión. Finalmente le hice notar el parecido de “El Custodio” con (para variar) “Taxi Driver”. La comparación pareció molestarle. Probablemente la encontró algo trillada para un festival de cine o probablemente se la han hecho más de la cuenta. – Creo que es un insulto para Scorsese que lo compares con mi película -me dijo-. Son totalmente distintas estilísticamente. Y bueno, Rodrigo tiene razón en eso. Como directores están en la antípodas. Mientras Scorsese es un derroche barroco de recursos (voz en off, movimientos de cámara, música incidental, ruidos, fundidos, encuadres rebuscados), Rodrigo es la economía misma (planos fijos, música incidental sólo en dos escenas, naturalismo en la actuación y el arte). Pero eso no quita, agrego yo, que los guiones y los protagonistas sean hermanos de sangre. Más allá de que Scorsese se deleite explicando, psicoanalizando, justificando y explorando y Rodrigo se limite a observar y a hacernos sentir que su película es tan simple y terrible como la vida misma. […]

    Pingback por El Escribidor. » “El Custodio” (SANFIC) — Martes, 15 agosto 2006 @ 12:16 pm | Responder

  2. Acaba de morir Samir.
    Lamentablemente lo supe hoy, que ya fue enterrado.
    Una pérdida y una pena..

    Comentario por Natalia — Viernes, 6 junio 2008 @ 11:38 pm | Responder

  3. […] Más sobre Samir y nosotros. […]

    Pingback por Murio Samir. « El Escribidor. — Lunes, 9 junio 2008 @ 9:14 pm | Responder


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