El Escribidor.

Miércoles, 30 noviembre 2005

La increíble y hermosa historia de la doctora amigable, el gato hospitalario y el documentalista triste.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 4:27 pm



Andrea es sanamente infantil para sus cosas. Además de trabajar todo el día con niños, tiene una pueril inclinación hacia los animalitos, los cumpleaños y la navidad. Yo no soy Scrooge, pero debo admitir que me gusta más el año nuevo; incluso fiestas patrias… sin fondas, eso sí. Pero en los animalitos coincidimos. Ambos somos de la clase de tontos que se detienen a conversar con los gatos de panderetas y son terriblemente felices cuando un pulgoso cualquiera los sigue dos cuadras.
Pero claro, en el minúsculo departamento en el que fui gradualmente allegándome antes de casarnos parecía una utopía tener algo más grande que una tortuga marina o un coipo amaestrado. "Cuándo tengamos casa, podríamos tener un perro y ponerle Anticucho," decía Andrea. Yo prefería Charquicán, pero eran sólo ilusiones, así que para qué discutir.
Hasta que un día Andrea tuvo que hacer turno en el Sótero Del Río. Y a la entrada de una sala de espera, encontró, paseándose, a un gato. A Andrea, obviamente, le gustó el gato, así que lo interpeló diciéndole:
– Si todavía estás acá cuando salga del turno, te voy a llevar a la casa.
Terminó el turno y, adivinen. Ahí estaba, esperándola.
– ¡Bau… miau! -dijo él a modo de saludo.
Andrea lo tomó en brazos y viajó una hora y media en micro con el gato aferrado a su chaleco.
Mientras ésto ocurría yo me reunía con mis clientes de entonces. Una empresa de estudios de mercados que nos había pedido un documental sobre la clase media por encargo de un diario. El documental había sido un parto. Un parto con forceps, de noche, arriba de un taxi, lloviendo, en el peor barrio de… Bagdad. Llevábamos varios meses haciendo cambios, retomas, ediciones y re-ediciones. Ese día me juntaba con la clienta de la agencia, que finalmente había quedado contenta, para que me contara qué le había parecido el trabajo a los clientes finales del diario. Llegué a la reunión agotado, varias noches sin dormir, paciencia agotada y muchas preguntas de amargas respuestas dando vueltas en mi cabeza. Me senté en la oficina y escuché. Escuché que la gente del diario encontraba que faltaba una voz en off, que no les gustaban las familias, que querían música, que ya no querían lo que habían querido, pero que querían lo que nunca habían pedido. Y que teníamos una semana para cambiar todo. Y que, obviamente, no había más plata.
Volví al departamento demasiado cansado para llorar y me tiré en la cama oscura a seguir haciéndome preguntas. Hasta que llegó Andrea, abrió las cortinas, prendió la luz con su sonrisa y, sin decir nada, me puso un felino peludo sobre el pecho.
– Bau… miau – dijo el gato, saludando.
Mientras tanto, yo -sobre la cama oscura y contra todo pronóstico- sonreía por primera vez en días. Por increíble que parezca, ese gato, pulguiento y sin nombre, fue, ese día, el mejor regalo que alguien podría haberme hecho.

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5 comentarios »

  1. Desde tu “se arrienda”, publicado aquí mismo unas semanas atrás, que leo con entusiasmo cada uno de los títulos que constantemente subes a la red ilustrísimo escribidor. Recordé la peluqueria a la que mi papá me llevaba cuando era chico, reconozco también, que me dió un poco de envidia (porque negarlo) que hayas podido ir a Les Luthier. Reflexioné sobre los maestros de uno en la vida en “Samir tosé sangre” y me llegó a la memoria que alguna vez, en alguna de las pocas veces que he ido a la casa de Chambón, me he encontré contigo y me comentaste que alguien te había presentado a Hemingway y supe copiarte.
    “Las malas Hembras” que nos hacen esperar para regalarnos inolvidables momentos… (Miau).
    Sé que podría haber escrito un comentario para cada cosa y no extenderme tanto. Pero que remedio si ya lo hice.
    P.D. Yo jugaba (juego) a la pelota y harto… Y Les Luthiers fue y sigue siendo de todo mi gusto.

    Comentario por Fernando C. — Miércoles, 30 noviembre 2005 @ 9:06 pm | Responder

  2. Gracias, Feña por tan lindos comentarios que son la paga del escribidor. Sobre el fútbol, en realidad puede haber sido una imagen desafortunada para expresar otra idea. Tú sabes que a mi me gusta jugar (no diré que juego) y algunos domingos me sorprendo admirando al Barcelona o al Manchester. Prometo un post futbolero para resarcirme.

    Comentario por Mitch Gómez — Jueves, 1 diciembre 2005 @ 9:48 am | Responder

  3. Ahhh, a propósito… tengo Fatality lista por si la quieren pasar a buscar.

    Comentario por Mitch Gómez — Jueves, 1 diciembre 2005 @ 10:09 am | Responder

  4. Profesor, ¡¡amo como escribe!!… leo cada uno de sus títulos, aunqe me he atrevido a escribirle solo en este artículo en particular… mi gato también fue algo parecido, en cuanto a anecdota de “como llegó”y los miaus son lo mejor y me identifiqué jajajaja (esto es en conclusión de todo lo que le quería escribir)
    espero que me recuerde yo era su alumna, pero el año pasado.
    un saludo enorme y esperamos Ilusiones ópticas.

    Comentario por Pao Mendoza. — Martes, 4 agosto 2009 @ 4:07 am | Responder

  5. Hola Pao,

    Claro que me acuerdo de ti. De hecho me entero de todas tus andanzas con Salas y Molina y el resto. Qué bueno que te guste el blog, está medio botado, pero hay harto que leer hacia atrás. Sobre los gatos… son lo mejor, aunque es un tema triste ahora, porque se nos murió Mini-Me. Por eso repostié esta historia, como homenaje póstumo. Tal vez adoptemos otro, pero no sabemos. Sigan a Ilusiones Ópticas en Facebook… se vienen novedades.

    Comentario por Mitch Gómez — Martes, 4 agosto 2009 @ 8:10 am | Responder


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