El Escribidor.

Jueves, 22 diciembre 2005

Crónica Roja.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 11:16 am

Tarde de calor. Con Rondamón trabajando en silencio en nuestra oficina. El ventilador en cuatro, la ventana abierta. Algún bostezo. De pronto, un grito. Un grito de mujer agudo, desgarrado y sostenido. Tan fuerte y aterrador que no pareció de verdad. Me asomé a la ventana, esperando encontrar a la universitaria bromista o ver una dinámica catártica en la academia de baile que tenemos al frente. Pero en lugar de eso, veo dos señoras corriendo, desencajadas por la vereda, mirando para todos lados. Se detienen frente a nuestro condominio/oficinístico, mezcla de Canal 13 pobre y la Vecindad del Chavo remasterizada. Una bonita vecindad. Y tranquila. Hasta ayer.
La cosa es que las señoras se detienen frente a la entrada y apuntan hacia adentro. “De allá vino el grito… allá es,” comentan. “Acá es”, le digo a Rondamón, que mira para todos lados, sin entender.
Salgo a la puerta. En la terraza común está nuestra simpática vecina arquitecta mirando con cara de horror hacia la oficina G. La puerta está abierta y escucho voces. Entro seguido por Rondamón. Adentro está Roberto, el socio de nuestra simpática vecina y dos personas que apenas conozco; una señora de cincuenta y bastantes y un tipo de edad similar. Ella llora agitadamente. Algo encandilado, me demoro en darme cuenta que tiene una garra marcada en el brazo, la rodilla sangrando y el codo idem. Roberto la trata de llevar afuera. El tipo que apenas conozco está agitado y nos trata de echar de la oficina diciendo que ya pasó, que ella es una histérica, una loca.
Llevamos a la señora a la oficina de nuestros vecinos. La puerta de la otra oficina queda abierta. El tipo sale, mira hacia la calle, va a su camioneta, vuelve. Hace comentarios al aire. Que está loca, que está en tratamiento en el hospital Salvador. La señora toma agüita con azúcar y llora. Nuestra simpática vecina nos mira con cara de “¿qué hacemos ahora?”. Yo le pregunto a la señora si el tipo es su marido. En medio del llanto ella ríe y niega. Mi simpática vecina aclara algo las cosas: es su jefe… trabajan juntos. “Tiene que renunciar,” es mi estúpidamente obvio comentario. “No puedo, me quedaría sin trabajo,” es la estúpida respuesta. “¿A qué se dedican ustedes?” pregunto, más que nada para relajar el ambiente. “Ingeniería,” dice ella. Y después se extrañan que se caigan los puentes.
Llamo a los carabineros. Es divertido, siempre les decimos pacos, pero cuando hay que llamarlos, la gente dice “llamen a los carabineros”. Capaz que escuchen, se ofendan y no vengan. Los llamamos una, dos veces, tres veces. Los llamé yo y los llamó Roberto, el vecino. Y se demoraron mucho. Y nosotros asándonos en la terraza, escuchando a la señora que ahora contaba su terrible vida. “Me quedé sola con mi hijo de seis meses, necesito trabajar, él me maltrata psicológicamente, pero me las va a pagar, me las va a pagar.” Era como el ABC de la violencia sin solución. Tipo agresivo, manipulador, ex mayor de ejército (revólver en la guantera, agrego yo, casi seguro) y contraparte victimizada, contando tragedias, argumentando cualquier cosa para justificar lo injustificable: seguir ahí, dejar que le peguen, depender del abusador. Antisocial con histriónica. Pareja perfecta.
Los pacos, perdón, carabineros, llegaron en cámara lenta. Se demoraron en encontrar la dirección, dieron vuelta en U, se tupieron para estacionar el autopatrulla y cuando entraron les dio lata subir la escalera. Preguntaron desde abajo qué pasaba. “Suban,” les dije. Miraron, hastiados, y subieron muy, pero muy lentamente, evitando la fatiga. Luego hablaron con víctima y victimario, los juntaron en el sitio del suceso y se los llevaron en el autopatrulla, sentados juntos. Él fingía desinterés, hablando por el celular. Ella le decía algo al carabinero. Probablemente preguntaba si demorarían mucho, porque todavía tenían cosas que hacer en la oficina.

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3 comentarios »

  1. Buena historia. Buena foto de la vecindad (parece que se cayó el barril del Chavo…).
    Saludos a Rondamón y tengan cuidado con la “Bruja del G”.

    Comentario por parrao — Viernes, 23 diciembre 2005 @ 8:44 am | Responder

  2. La señora en cuestión hacía comentarios tipo: “…yo soy pulga en la oreja, lo reconozco…”, “…cuando me dicen CÁLLATE, más me dan ganas de seguir hablando….”.

    Uff. no quiero imaginarme exactamente qué fue lo que pasó cuando el tipo la charcheteó.

    Comentario por Rondamon — Viernes, 23 diciembre 2005 @ 3:49 pm | Responder

  3. En aquella vecindad todo podía pasar… menos mal que no estaba involucrado el “amigo” de los autos entre medio de tanto escándalo…

    Menos mal que los chicos Map estaban ahí, siempre listos para salvar al desválido.

    Salu2

    Comentario por velvetina — Lunes, 26 diciembre 2005 @ 12:06 pm | Responder


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