El Escribidor.

Jueves, 26 enero 2006

“Birth”

Filed under: Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 3:08 pm


Fuimos al Blockbuster con Andrea. Y yo, que soy más bien Bazuca fan, debo reconocer que, al menos en el de Tobalaba, el cambio es notable. Gran variedad de películas: clásicos, películas “difíciles de encontrar”, algunas no estrenadas en cine y los estrenos… los estrenos son realmente estrenos, algunos todavía presentes en algunas salas. Atrás, por suerte, quedaron los tiempos en que la pared de estrenos era una repetición estúpida de “La Momia 2” o “Los 4 Fantásticos”. Algún gerente de marketing debe haber entendido que los esfuerzos deben apuntar a los consumidores intensivos de películas más que al despistado de fin de semana al que trataron de privilegiar por años. Además, si tienen CMR, pueden arrendar por $990 de Lunes a Miércoles. Eso. Me deberían pagar por éstos insertos gratuitos, señor gerente de marketing, mándeme una cuponera de arriendos, un calendario o una polera de Chicken Little. Lo merezco.

Pero vamos a lo nuestro. Andrea es fanática de Nicole Kidman y quería verla en ésta película del 2004 cuyo título pongo en Inglés no por dármelas de nada sino porque su título en español: “Reencarnación” carece de toda la sutileza y ambiguedad que la película suda la gota gorda por lograr.
Hay que sacarse el sombrero con “Birth”. No porque sea una obra maestra, porque como que le falta la chaucha para el peso para serlo, sino porque para atreverse a contar una historia como aquella en serio hay que tener mucha seguridad, control y cojones. Anna es una linda viuda que se prepara para contraer matrimonio 10 años después de la muerte de su primer marido. Y, tal como anuncia el título en español, aparece un niñito de 10 años diciendo que es, ni más ni menos, que el marido muerto reencarnado. Tal cual. Y los guionistas no buscan vericuetos, dudas ni sutilezas sino que tiran toda la carne a la parrilla. Con ese punto de partida arriesgábamos sin duda un bodrio de proporciones épicas que ni la mejor estrella hubiese podido salvar (ver, por ejemplo a la maravillosa Julianne Moore haciendo el loco en la olvidable “The Forgotten”). Pero “Birth” salva todos los obstáculos con tremendo oficio y termina por convertirse en, ya lo dijimos una “casi obra maestra”.
¿Qué le faltó? Creo que algo de originalidad, humor y empatía. La película está tan preocupada de hacer creíbles y emotiva su arriesgada premisa que las actuaciones, el guión, la dirección, los saltos de trama son excesivamente serios y correctos. Nicole, sublime, logra involucrarnos hasta el final con una sola mirada. Pero el resto del cast (magníficos todos) están demasiado correctos, demasiado contenidos, demasiado “verosímiles”. El ejemplo extremo es el personaje del niño. A pesar de estar muy bien actuado, la dirección le pidió algo, para mi gusto, demasiado serio, parco y cortante. No sé si para evitar que se viera “infantil” o para buscar un efecto “tétrico”. En cualquier caso, me hubiese gustado algo más de frescura. Recuerdo una anécdota que cuenta Jack Nicholson en el making of de “El Resplandor” (película que el equipo de “Birth” debe haber “repasado” unas cuarenta veces antes de ponerse a filmar). Nicholson cuenta que el estaba acostumbrado a buscar la realidad en sus interpretaciones. Pero que Kubrick muchas veces le decía: “Eso es totalmente real, pero es una lata. Busca algo más original”.
Pero vamos a lo bueno: ¿Qué no le faltó a “Birth”? No le faltó oficio: Jonathan Glazer supo hacer su tarea perfecto. Maneja los tiempos, dirige muy bien actores y, junto con su director de foto logra una atmósfera “Kubrickeana” que da gusto. No le faltó ambición, ya está dicho. La película corre riesgos desde la primera toma y sale bien parada de casi todos. Se nota que no querían cumplir, sino hacer historia y eso se valora. Y, at least, but not last, no sólo no le faltó sino que le sobró en abundancia actriz protagónica. Nicole está en la estratófera actoral. No sólo tiene su presencia innata sino que ha estudiado y aprendido toneladas. No seré el primero en decirlo, pero cualquiera que pretenda dirigir algo, ponerse frente a una cámara o pararse frente a un escenario debería correr a arrendar “Birth” y fijarse en la escena de la llegada al teatro. Nicole y su prometido llega atrasada al teatro lleno, con Wagner sonando. Los vemos entrar en un plano general que se va cerrando gradualmente (sí directores formados en publicidad, el zoom se puede usar y funciona de maravilla) hasta terminar con Nicole sentada mirando a la cámara. Esa mirada se mantiene por segundos, minutos, un tiempo sin tiempo en el que el personaje pone sus pensamientos sobre la pantalla sin decir una sola palabra. Y ese puro plano ya paga con creces el arriendo.

Foto: Plano de antología. Nicole, ídola de Andrea, escucha a Wagner, ídolo de Andrea. Mejor imposible.

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