El Escribidor.

Lunes, 6 febrero 2006

“El Jardinero Fiel”

Filed under: Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 9:17 pm


Fernando Meirelles me dejo (y junto conmigo al mundo) pasmado cuando estrenó el 2002 la insuperable “Ciudad de Dios”. Alguien dijo que era como un “Good Fellas” Brasilero. Y estoy de acuerdo, hecha la salvedad de que “Ciudad de Dios”, aunque parezca increíble, es mucho mejor que Good Fellas. Y es mejor que casi todos sus ascendientes (que innumerables). Basada en una novela, pero con un guión fascinante y terriblemente cinematográfico, la película mezcla géneros, lenguajes y una avalancha interminable de recursos para convertirse en la película definitiva sobre violencia urbana tercermundista. Y sin dejar de ser Brasilera, o mejor dicho, Carioca; porque más allá de la violencia, la droga y las balas, la película se las arregla para tener playa, humor y buena onda de sobra. Para que se hagan una idea, los que todavía no la ven: en opinión de los lectores de IMDB (página gringa-mundial con info de todas las películas existentes) Ciudad de Dios ocupa el lugar 15 en la lista de las mejore películas de todos los tiempos. De las 14 que la superan, sólo dos son no-gringas: “Los Siete Samurais” y “El Bueno, el Malo y el Feo”. Es decir, puede que no sea la mayor obra maestra del cine latinoamericano (aunque tal vez sí), pero sin duda puntea en lo más memorable, entretenido y potente que hayamos visto.

Así que, naturalmente, no me podía perder “The Constant Gardener”, la primera mega-producción hollywoodense-inglesa del Brasilero. Meirelles, en mi opinión, sale terriblemente bien parado. La película no le llega a ni a la cintura a Ciudad de Dios, pero era imposible que lo hiciera. Me imagino que Constant Gardner es más una película por encargo que un proyecto personal. La lógica del productor, fumándose un puro, debe haber sido: si éste tipo pudo mostrar la crudeza de las Fabellas de Río, probablemente lo hará bien con Kenia o Sudán. Y hay que decir que le dio en el clavo. Las secuencias exteriores están sobrecogedoras. Meirelles se la juega por un estilo documental: cámara en mano, texturas sucias y una onda y ritmo que recuerda mucho a Traffic. Narrativamente, en cambio, es mucho más conservador. Hay algunos saltos temporales y subjetividades del protagonista, pero en general es un thriller con una subtrama de amor bastante tradicional. Pero funciona y logra mantener la verosimilitud de su conspiración y sus vuelcos.
Comentario aparte merece la postura “política” de la película. Si eres un lector que firma manifiestos para salvar a las ballenas, tu prenda preferida es el poncho y fuiste al traspaso de mando en Bolivia, sin duda estarás en tu salsa. Acá las multinacionales farmaceúticas y los funcionarios ingleses son malos con ganas y la heroína es una martir progresista del siglo XXI. Si, en cambio, eres de aquellos que odian a Michael Moore, hablan de “pronunciamiento” y piensan que la izquierda internacional aprovecha los medios de comunicación para lavar el cerebro de las multitudes ignorantes, probablemente te sentirás disgustado o incluso ofendido (para que decir si trabajas en una Farmaceútica). Cómo humilde escribidor con la cabeza preocupada de la mano derecha, pero el corazoncito bombeando algo de sangre a la izquierda puedo decir que sí, la película se va al chancho y es, por momentos, panfletaria. Puedo decir que no tengo ninguna razón para creer que lo que muestra ésta película sea cierto, pero tampoco ninguna razón para meter mis manos al fuego y desmentirlo. Sin duda que atribuir la debacle de África a una conspiración del mundo occidental me parece bastante primario y tonto (básicamente porque al mundo occidental le conviene mucho más vender zapatillas, autos y i-Pods que matar gente de hambre). Pero puedo decir asimismo que estamos hablando de cine y atacar Constant Gardener por su tesis de denuncia me parece tan tonto como atacar a James Bond por machista, a Rambo por imperialista o a Fuget por burgués y poco comprometido. Todo espectador debiera entrar al cine dejando sus prejuicios y convicciones afuera y todo realizador debiera asumir que sus películas pueden sensibilizar, pero rara vez cambiar convicciones o establecer agendas (y que el espectador paga por emociones y no por lecciones).
Pero más allá de la opinión o conclusiones personales que uno pueda sacar sobre el tema puntual, creo que Constant Gardener tiene el tremendo mérito de hacernos mirar y pensar en África, un continente casi entero convertido en infierno y en el que los finales felices se hacen imposibles. Una mancha insoslayable en nuestro flamante traje de mundo informático y globalizado. Algo me dice que las soluciones son bastante más complejas, polémicas y profundas que las que Meirelles o Bono Vox nos propondrían, pero, por favor, no les quitemos el mérito, por lo menos están pensando en hacer algo.

Foto: ¿Alguna pregunta? Tessa (Rachel Weisz) cuestiona la política exterior de Blair, pela a Bush y de paso consigue un paciente inglés de marido, una mudanza rápida y problemas. Muchos problemas.

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