El Escribidor.

Sábado, 25 febrero 2006

“Old Boy”

Filed under: Chan-wook Park,Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 4:54 pm

Al fondo... the old boy.

Un mensaje sin respuesta.

Tengo la mala costumbre de dejar el messenger prendido y partir a cualquier lado sin previo aviso ni cambio de estado. Suelo llegar en la mañana y encontrar el computador lleno de mensajes irrespuestos del día anterior. Hace algo más de una semana, encontré un mensaje de Andi, una amiga de la universidad y, ahora último fiel lectora de éste humilde diario mural cibernético.
El mensaje decía más o menos así:
“Mitch, viste Old Boy?”
“La fui a ver y me cargó, la odié, quería saber si la habías visto y como la habías encontrado”
“No entiendo porque todo el mundo la encuentra buena.”
“Bueno, eso, estoy llena de pega, hablamos, chao que estés bien, un beso.”
Y claro, fui a ver Old Boy y en vista de toda la tinta vertida y tecla apretada se me ocurrió que una buena aproximación para hacer algo ligeramente distinto sería explicarle a Andi por qué, a mi juicio, “Old Boy”, sin ser una obra maestra o un manjar de dioses (vamos, no exageremos, JC) es una película tremendamente buena, original y motivante.

La cata de Whisky.

Mi padre toma Whisky y lo aprecia. Diferencia marcas y etiquetas. Busca ofertas y le agrega a cualquier definición de lujo o algo muy bueno “un vaso de Scotch en la mano”. En una ocasión, en el Teatro Municipal, le pidió discretamente a un mozo que le trajera un “Scotch”. El pobre tipo llegó con una cinta adhesiva. Mi padre cree que habla muy claro, pero en realidad casi nadie lo entiende. La verdad es que a mi el cuento del Whisky me pareció durante mucho tiempo una exageración. Sobretodo tomándolo solo, como hace él. ¿Quién podría diferenciar sabores y antiguedades en un líquido tan fuerte? Yo sólo sentía el fuego y un ligero gusto y olor que era básicamente igual en todas sus marcas y variedades. Hasta que me invitaron a una cata de Whisky. En un elegante hotel, un elegante chileno de terno y un chamullento argentino vestido de escocés, nos recibieron con discursos e instrucciones en una sala de reuniones que tenía elegantemente ordenados, frente a cada asiento, un set de doce vasitos con distintos Whiskys. Porque la mayoría de los Whiskys son mezclas de varios Whiskys de distintas procedencias y antiguedades. Entonces, tomábamos un vasito, echábamos un chorrito de agua para liberar los aromas y probábamos. El argentino engrupía contando historias de islas, destilerías fantasmas y brisa marina. El chileno explicaba los detalles del aroma y el sabor de cada uno de los componentes que, mezclados, daban origen, según ellos, al mejor Whisky del mercado. Lo que entendí aquella noche, adivinarán, suspicaces lectores, servirá para ejemplificar los principios que debieran guiar nuestra aproximación a “Old Boy”.

Un gusto para algunos.

“Old Boy” no es una película para todo público. No sólo estoy hablando de edades. Estoy hablando de sensibilidades, gustos y experiencias anteriores. Si has tomado poco alcohol fuerte en tu vida y pruebas Whisky solo, lo más probable es que no sientas sabor alguno, sólo el ardor de fuego bajando por la garganta. De igual forma, si tienes alguna predisposición negativa hacia el alcohol -ética, de salud o ideológica- sería muy poco recomendable que asistieras a una cata de Whisky.
Para probar “Old Boy” tienes que tener la garganta curtida, incluso algo insensibilizada de deshechos, mugre y víceras audiovisuales. Tienes que haber visto correr mucha sangre y caer muchos muertos en pantallas grandes y en pequeños monitores. Te tiene que dar risa cuando la cabeza del nigger revienta en el vidrio trasero del auto en Pulp Fiction. Tienes que ser, ojalá, una persona sensata, equilibrada y compasiva en tu vida normal, pero transformarte, de alguna forma, en un monstruo insensible, frío, vengativo y amoral si la pantalla así te lo exige.
¿Por qué insensible? Porque Old Boy es una película recargada. Es cocina oriental pero con demasiado picante. En toda película de venganza, hay violencia. Pero acá se multiplica por diez. En toda odisea, el héroe sufre. Acá sufre demasiado. Si el primer bocado te hace escupir la comida, simplemente no puedes seguir y si ni siquiera terminaste el plato no tiene sentido decir que el plato es bueno o malo. Para tí fue simplemente incomible.
¿Por qué amoral? Porque cualquier juicio de valor moral dificulta el juicio de valor estético. Probablemente Chan-Wook Park puede disparar cuarenta teorías y explicaciones elevadas sobre el material con el que trabaja. “Busco analizar ontológicamente las directrices primigenias del acto impulsivo en un sentido de pulsación Freudiana de la violencia hacia el otro como una forma de auto agresión y represión de impulsos endogámicos inherentes a nuestro desarrollo emocional y, por ende develar la arquetipización de nuestro mismo inconsciente colectivo…”, tomen nota críticos y estudiantes. Pero uno siempre puede reírse de tanta basura y adoptar la tesis, bastante más probable, de que el tipo sea un maldito sádico y se divierte livianamente torturando hasta el cansancio a sus pobres creaturas. Cualquiera sea la verdad, la verdad es que debiera darnos lo mismo.

Lo mismo de siempre.

Aunque el sadismo y la sangre no son nuevos. Saliendo de Old Boy, tuve dos reflexiones fáciles:
1) Las películas son cada vez más crueles, donde iremos a parar.
2) Estos orientales están todos locos.
Y entonces me acordé de Sófocles. Los griegos no eran orientales ni occidentales. De alguna forma al medio y de alguna forma padres de todo. Dejando de lado las peleas y los martillos y los cuchillazos que muchas veces mueven más a la risa que a la conmoción, la mayor violencia, el mayor sadismo de Old Boy no tiene nada de nuevo ni transgresor respecto a lo que ya se estrenaba 600 años antes de Cristo (ojo que Cristo no será solo una referencia temporal en éste análisis). No quiero arruinar la película, si no la han visto no sigan leyendo, pero entre cortarse la lengua con una tijera o sacarse los ojos con una aguja de coser, creo que la diferencia no es mucha. Entre confundirse en un cruce de caminos y adivinar el acertijo de un monstruo a ser hipnotizado y adivinar el acertijo de otro monstruo, creo que la diferencia no es mucha. Hay 2600 años de recursos narrativos acumulados (que Old Boy aprovecha) pero los temas se mantienen parejitos.
Tal parece que los orientales no están tan locos. ¿Podría ser que el problema (o la diferencia) estuviera en nosotros? Claro que podría ser. Y es ahí donde entra Cristo. Cristo inventó la compasión y nada volvió a ser lo mismo. Puso en cuestión algo tan obvio como el ojo por ojo para reemplazarlo por poner la otra mejilla. Totalmente ilógico, pero posiblemente por eso, sagrado. El otro día, una amiga me decía que las religiones monoteístas habían inventado la culpa. Le dije que estaba en desacuerdo. La culpa existe en tanto existimos con otros, nos ponemos en su lugar y llegamos a tener intereses contrapuestos. La culpa es inherente a la existencia del otro. Las religiones (todas, me parece) sólo la procesan. Las monoteístas la exageran.
– Pero tú no eres cristiano, escribidor.
– Todos lo somos, sin quererlo, Melifón, hijo de Saxofón. Es posible no creer, pero es muy difícil obrar y sentir como si no creyeras. Si vives en un país cristiano, musulmán o judío, tu educación estará barnizada con esos valores y sensibilidades y ese barniz te lo puedes sacar en una discusión o declaración de principios, pero es difícil perderlo en un acto tan instintivo y sincero como disfrutar de una película.
– ¿Insinúas que los orientales pueden ser más crueles audiovisualmente porque no están “barnizados” con los valores de una religión que sacraliza la compasión y cuyo Dios en lugar de vengarse, cortar cabezas, arrasar con los enemigos de su pueblo o ser inmortal encarnado en ciervos de montaña simple y grandiosamente sufrió y murió por su gente?
– Exactamente. Estamos programados para la compasión. La indiferencia por el sufrimiento ajeno, nos puede violentar más que a otros humanos con formación distinta.
Entonces, después de todo, nosotros somos los distintos.

Lo bueno.

Pero me he extendido en demasía justificando por qué podría no gustarnos “Old Boy”. Queda poco espacio para decir por qué nos gusta “Old Boy”. Dos razones. Fondo y forma. Más forma que fondo, creo, pero puedo equivocarme. Las películas de venganzas y criminales nos gustan básicamente porque nacemos con culpa. Queremos cosas. Pero la gente se interpone. Nos damos codazos. Y existe el impulso de sacar a la gente a patadas, a martillazos, sacarles los dientes, cortarles los dedos. Pero reprimimos el impulso y nos convencemos (menos mal) de que es lo correcto. La película de venganza es un procesamiento, una ilustración de ese camino. La película de venganza (al igual que el subgénero, adulterio) parte con un personaje que no se reprime, sino que cede al impulso y dispara, saca dientes, rompe caras y lo disfruta (nosotros con él), pero luego viene el aprendizaje de la culpa. La venganza nunca resulta lo buena que parecía al comienzo, se vuelve contra nosotros y se torna vacía. Y al final es un género didáctico. Salimos reconfortados al ver que, al final de cuentas, hacemos lo correcto. Reprimirnos es bueno, la amarga culpa sirve de algo.
Pero queridos admiradores, aunque pueda ponerlo bonito, éste pensamiento también es viejo. Lo mismo buscaba nuestro amigo Sófocles. Catarsis le decían.
Pero la forma es nueva. At least, but not last, “Old Boy” es un despliegue de forma y recursos cinematográficos realmente alucinantes. Chan-Wook Park no filma para la señora Juanita. Chan-Wook Park asume que su público es igual de vivo, rápido y culto cinéfilamente que él mismo. Sabe que cuando te dicen AB, uno inmediatamente piensa Z. Sabe que estamos cansados de ver fórmulas repetidas. “Old Boy” es grande porque es original. Siempre opta por el riesgo, por lo no visto, por el rompecabezas, por la no explicación. En un universo repleto de insultos a la inteligencia, “Old Boy” es un cariño al celebro de sus expectadores. Y eso siempre hay que celebrarlo.

Foto: Por favor, por favor, no sigas escribiendo… ya fue suficiente Gómez.

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2 comentarios »

  1. Debo reconocer que me ha causado mucha gracia tu post, también estar por ahí entre líneas, lo cierto es que has entrado en una discusión valórico / espiritual de proporciones considerables y a la cual no me referiré, sería demasiado extenso. De lo que sí comentaré es de la película, es cierto que no es una obra maestra (a mí me fascina precisamente por ello, está demasiado cerca de serlo y eso se agradece en estos días en que nos rodeamos de otro tipo de cine) pero, su director, mi queridísimo Park es, sin ninguna duda, uno de los más talentosos de los últimos tiempos (a pesar de no haber sido tan maravillosa su primera película, de la última aún no puedo hablar, mi distribuidor no la ha conseguido), de hecho, mis mayores alabanzas han sido para él, estoy de acuerdo en aquello que estipula que no es para todo público y que para reír con ella hay que tener un humor bastante especial, también estoy de acuerdo en que hay que estar un poco entrenado cinematográficamente hablando, en fin… Old boy es una buena película, es chistosa, conmovedora, espiritual, pero, lo más importante, es estética e interesante y, de ese tipo, hay demasiado pocas.
    Pd: no te había respondido porque no había revisado los post anteriores, tenia un poco abandonado el blog; la foto que mencionaste no aparece en la película pero sí la utilizaron (Tartan Films) para su promoción.
    Pd 2: te nombre para continuar una de esas odiosas cadenas, obviamente, si quieres; la verdad no son tan lateras como suenan.
    Saludos,
    jc

    Comentario por JC — Domingo, 5 marzo 2006 @ 12:57 am | Responder

  2. Perfecto con todo. Tendré que ver más palabras de tu amigo. A ver si prestas alguna. Sobre la cadena… creo que pasaré. Nada en contra de las cadenas blogísticas, pero es un poco muy larga…tal vez haga unas selección. gracias por respetar mi nobre artístico en todo caso. No te pierdas, nos estamos leyendo.

    Comentario por Mitch Gómez — Domingo, 5 marzo 2006 @ 6:26 pm | Responder


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