El Escribidor.

Sábado, 11 marzo 2006

Ideas nocturnas.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 3:16 pm


Ayer leí un reportaje en emol sobre recetas para aumentar la inteligencia. Contaba que los ingleses están haciendo un reality en que un grupo de participantes se prestan como voluntarios para aumentar su inteligencia realizando sencillas tareas o entrenamientos. Lo sorprendente, decía el artículo era que, aunque esperaban que los sujetos aumentaran un 10% su CI, al final, algunos habían logrado progresos de hasta un 40%. Suena sorprendente y sé lo que estarán pensando algunos: el Mercurio miente. El Mercurio sí, pero EMOL, no sabemos, contestaré yo con el mismo rigor científico. Las tareas, en todo caso, eran bastante sencillas. Ordenadas por día como si fuera una dieta naturista, pero más fáciles de cumplir. Lunes: lávese los dientes con su mano menos hábil, haga un crucigrama y muévase por su casa con los ojos cerrados. Martes: Váyase al trabajo por otro camino y converse con un desconocido… y así sucesivamente, nada del otro mundo. En general, las pruebas parecían sugerir que cualquier cosa que nos lleve a salirnos de la rutina mental típica, puede hacernos más inteligente. Esperanzador y certeramente dándole la razón a mi canción del post anterior: la rutina nos arruina. Lo desesperanzador es que también habían comprobado que el consumo de alcohol el día anterior podía hacer que el desempeño de un sujeto cayera hasta en un 20%. Seríamos todos genios, imagínense.

El tema es que anoche teníamos una comida con mi suegra, su hijo regalón (mi cuñado) y uno de sus alumnos regalones con su respectiva señora. Mi suegra es profesora de Inglés top, para los que no sepan. Algo así como un personal trainer del Inglés. Hace clases en su casa para gente que da el Teuffel, el Gmat y todas esas PSU elitistas para irse a estudiar a USA. Y como mi suegra se siente (luego de dos generaciones) todavía una holandesa viviendo en una salvaje colonia del fin del mundo (dice “los chilenos”) y, por lo mismo, tiene una predilección especial por las formalidades, reglas y usanzas del Five O`Clock tea, no pude menos que ducharme y afeitarme antes de salir. Y claro, no fui capaz de dejar de hacer el experimento. Me duché con los ojos cerrados. Para afeitarme los abrí, pero lo hice con la mano izquierda.
La invitación era a las nueve y llegamos puntualísimos con Andrea. El alumno de la invitación es ni más ni menos que dueño, o en parte dueño (hijo del dueño fallecido) de la cadena Dominó, como sabrán dueña de los mejores completos del mundo. Pero renegando de su pasado, el alumno en cuestión no nos invitó a comer un “Dominó Pan Caliente”, sino gentilmente, porque el es muy gentil, a la nueva joya de la familia, un restaurante recién inagurado en Isidora Goyenechea, cuico-gringo-casual, muy bonito y ciertamente sabroso. California Creations, se llama y, aunque se mandan las partes con sus pizzas, recomiendo a ojos cerrados el Atún amarillo sellado. Pero da lo mismo. Lo que quiero contar, lo inusual, fue que, cuando nos ofreció de tomar, habló del té helado, de las bebidas y los jugos. Yo me moría por una cerveza, pero, educadito después de todo (educación que abandoné penosamente cuando comencé a devorar mi plato y los cercanos) no dije nada y pedí un té helado. Previsiblemente, el alumno de mi suegra nos contó que aún no tenían patente de alcoholes, ya que en general se obtiene dos o tres meses después de que un restaurante comienza a funcionar y ellos habían tenido demoras con la certificación de un famoso horno de tres toneladas importado de USA y que al parecer consideraban su ventaja comparativa (las famosas pizzas, ya les dije). El resultado de todo fue una agradable velada en la que traté varias veces de llevar el tema hacia los completos del Dominó, que era sin duda lo que más me interesaba, pero en la que nadie enganchaba porque los completos debían parecer muy rascas y anticuados para Isidora y el restaurante nuevo. Pero lo particular de la velada fue que no consumimos ni una gota de alcohol. Y eso tiene que ver con todo lo anterior.
Porque en la noche desperté sobresaltado. Había dormido profundamente y había tenido un sueño. Yo casi nunca sueño, o casi nunca los recuerdo, que es parecido. Y ahora no sólo había soñado, sino que la idea del sueño me parecía GENIAL. Eran las seis de la mañana, amanecía, y me di cuenta que debía levantarme. “Voy a escribir una idea,” le dije a Andrea. Ella respondió algo totalmente fuera de lugar; estaba totalmente dormida. Agarré el laptop y escribí la idea en una página y media. Contra lo que había esperado, tenía todo el sentido del mundo, era un gran guión en potencia. Ciencia Ficción de la buena, el tipo de ideas que nunca se me ocurren. Y tenía algo que ver con control mental y operaciones cerebrales. Se cerraba el círculo, desde el artículo hasta la inspiración mañanera, una parábola perfecta de aprovechamiento mental autoinducido. Emol parece no haber mentido en éste caso.

Foto: ¿Sueñan los escribidores con atunes amarillos? Blade Runner es ciencia ficción de la buena y mi idea tenía más que ver con Blade Runner de lo que pensé en un primer momento. Pero la semejanza me gustó más aún y entró a formar parte de la idea.

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1 comentario »

  1. Desaparecido?

    Comentario por JC — Jueves, 4 mayo 2006 @ 5:56 pm | Responder


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