El Escribidor.

Lunes, 13 marzo 2006

Escribe de lo que sabes.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 6:56 pm

Había escuchado y leído el consejo antes. También me lo habían dado, aunque con distintas acepciones. Lo comprobé éste fin de semana.
Mis amigos de Retaguardia me dieron una pega por encargo. Escribir un guión para una serie para postular al concurso del Consejo Nacional de TV. Cómo es costumbre en el “negocio”, es una pega de remuneración condicional. Si el proyecto gana el CNTV, entonces Gómez va con honorarios de guionista por la temporada. Si no ganamos, entonces, como dice Parrao: “Perdón y gracias.” Y ganar éstas cosas es un complejo juego de dados y habilidad. Sólo que uno nunca sabrá si primó la habilidad o los dados. Lo único claro es que ambas deben estar altas para ganar. O por lo menos los dados. Nadie sabe; nadie sabe nada de ninguna cosa.

En fin, pero sobre escribir, sabemos algo, aunque poco. Waissbluth y Crisis quieren un sitcom. Un sitcom sobre un aspirante a director con muchos problemas para tener una relación amorosa exitosa. La idea es que el protagonista se cansa de fracasar con mujeres y decide tomar una desición drástica. Le pide a su abuela que le busque minas. Los resultados son dispares y sitcom-like.
Hice dos tratamientos. Tratamiento le llamamos a la etapa previa del guión. Es una sinopsis larga en que se cuenta, como si fuera un cuento, toda la historia que luego se hará guión. No tiene diálogos, no está dividido por escenas, pero es, en mi experiencia, lo más importante. La gracia es que un tratamiento se escribe rápido, sin preocupaciones de formato, gramática ni estilo. Es como contarle una película a un amigo, pero por escrito. La gracia es que corregir 30 páginas de guión (pensando en una serie de 30 minutos) es un cacho, sobretodo cuando se cambia la trama. Si cambiamos una acción en la página 15, eso necesariamente conllevará cambios en las 15 páginas siguientes. Cambiar un tratamiento de 3 o 4 páginas es muchísimo más fácil.
La cosa es que el primer tratamiento fue bastante malo. Básicamente porque traté de hacer un sitcom sobre un director que filmaba un corto y al que lo pateaba su pareja y debía irse a vivir con la abuela. Pero al final de cuentas, sé poco de directores, de peleas de pareja y no tanto de abuelas. Los chicos de Retaguardia fueron amables, mal que mal, es una pega-apuesta, pero quedó claro que no les había gustado. A Ritch, mi corrector ad-honorem, tampoco le gustó ni un poco.
Así que éste fin de semana escribí un segundo tratamiento. Se trata de un Ingeniero Comercial que renuncia a una multinacional para dedicarse al cine. Lamentablemente no sabe nada de cine. Y además tiene problemas para demostrar sus sentimientos con las mujeres. Y tiene amigos Ingenieros Comerciales que le dicen que no se case y no entienden mucho de sus nuevas aspiraciones y también amigos “Artistas” que le hablan de cosas artísticas de las que el no cacha mucho, al final, a él le gustan las películas nada más. Y claro, también tiene su abuela, que es en cierta medida como abuela-mamá-papá, que le dice que se case, que tenga un trabajo como Dios manda, etc.
Y, claro, él segundo tratamiento les gustó mucho más que el primero. Y a mi también.
En la reunión previa, mis jefes hicieron sus declaraciones de principios respecto a hacer cine. “Tienes que conocerte a ti mismo”, dijo Waissbluth. “Tienes que conocer de Cine”, dijo Crisis. En el momento pensé que ninguno tenía razón, pero creo que ambos la tenían. Leyes particulares de una ley mayor. Hay que escribir de lo que sabes. Y como somos egocéntricos, sabemos mucho de nosotros mismos, y cómo somos cinéfilos, sabemos algo de cine. Por algo, el mismo Ritch me dijo en una ocasión: tu mejor, tal vez tu único género… es la autobiografía.

Foto: El rey de la comedia… autobiográfica. Ritch, Crisis y Waissbluth estarán felices. Sólo me faltaría protagonizarla. Supongo que, como dijo Lagos, nadie puede descartar nada por anticipado.

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1 comentario »

  1. […] ¿Cómo se me ocurrió algo así? En verdad no se me ocurrió. Fueron mis jefes de Retaguardia los que me obligaron sutil, pero maquiavélicamente, a ir escribiendo cada vez más autobiografía (en el plano laboral, por lo menos) Fueron ellos los que le cambiaron el nombre al protagonista. Pero no se hagan ilusiones, no me verán en pantalla. No en la primera temporada, por lo menos. Aprovecho de agradecer a los retaguardios por llamarme para el proyecto, a Ritch por revisar y destruir el primer tratamiento del piloto (que era horroroso) y a Gorostiza por todo el café y las galletas que compartimos juntos en el Piso 18 del WTC, hace ya mucho tiempo. Acá está el link del antiguo post que escribí sobre el tema. Y, de regalo, un extracto que es, el mero punto de partida de todo el resto. […]

    Pingback por Mi abuela ganó CORFO. « El Escribidor. — Jueves, 9 noviembre 2006 @ 3:25 pm | Responder


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