El Escribidor.

Martes, 28 marzo 2006

Coffee & Cookies.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 5:27 pm


Fui a almorzar con Gorostiza y de paso, conocer su nuevo trabajo. Gorostiza tiene cualidades notables. Olvida todo con facilidad, toma su nariz para respirar profundo o pensar detenidamente; a pesar de sus amigos todavía cree en la humanidad y, tal vez por eso mismo, le cae bien a todo el mundo.
Gorostiza ha sido importante en la vida de Mitch Gómez. Partiendo porque fue él quien inventó el nombre Mitch Gómez. Y fue poco después de inventar mi otro apodo memorable, en una semana novata perdida en los umbrales del tiempo: “Benito Cámelo”. Casi una década después, todavía me encuentro en el metro con gente que me dice Benito.

Con Gorostiza, en época universitaria, fuimos a un poco más de fiestas y asados de lo sensato. Tomamos un poco más de vino en caja de lo correspondiente. Bailamos más de lo debido arriba de mesas y tarimas y conocimos a un mayor número de malas mujeres y ebrios amigos de lo esperable. Y creo que ahora, guatón él, con las rodillas adoloridas yo, nos felicitamos de que así haya sido.
Después de la universidad entramos juntos a trabajar a la misma multinacional, a unos cuantos cúbiculos de distancia. El vivía para los pañales y yo para el lavalozas. Cuando la rutina y el excel nos superaba, nos mandábamos un mail en clave. Decía simplemente: “C&C”
C&C significaba Coffee and Cookies, café y galletas. Era simplemente tomar carpetas y papeles de trabajo e ir a encerrarnos a una sala de reuniones con un par de vasos plásticos de café de la vendomática a hacer como que trabajábamos. En realidad mirábamos el mundo y el río desde la ventana del piso veintiuno, conversando sobre el pasado inmediato y el futuro lejano en que estaríamos lejos de pañales y lavalozas disfrutando de pegas en las que asombrosamente nos pagarían por subirnos arriba de una tarima y animar a la gente, haciendo chistes, eligiendo reinas y organizando concursos, como hacíamos en los novateos con una caja de vino en la mano.
Es que siempre tuvimos claro que no hay business que se iguale al showbusiness.
Y ahora, parados en algún punto de ese futuro mítico, Gorostiza tiene nueva pega como gerente de marketing en la teletón y yo me dedico a escribir capítulos de monitos animados. Nada mal. Nunca lo hubiésemos pensado en nuestros días de café sin galletas. Y es cierto, falta mucho aún. Su show es una vez al año y ya ha mandado al hospital a varios gerentes de marketing y mi show aún no comienza, es caro y arriesgado. Y no hay cajas de vino por ningún lado. But we’re tryin’, Ringo. we’re tryin’ real hard to be shepherds.

Foto: La foto que quería subir no subió nunca… Los caminos de la vida, no son como yo esperaba, amigo Gorost.

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2 comentarios »

  1. Algún día, no sabía cuando hasta ahora, estas sabias palabras iban a servir:

    “Cuenta la historia que Buda, en su afán por encontrar la perfección espiritual, dejó su templo y, junto a un discípulo, emprendió camino hacia los oscuros y tupidos bosques, tenía muy claro el camino que debía seguir.

    Pero pasó el tiempo. Pasaron largos años en que lo único que hacían durante el día era avanzar en medio del cerrado follaje, cortando ramas y botando árboles, para tratar de avanzar más aprisa en su difícil camino. Entonces, un día, agotado por no llegar a ninguna parte, el compañero de travesía de Buda le planteó la inquietud que le roía el alma:

    -Maestro. Ya no se ve el camino a seguir. En un comienzo era tan claro pero desde aquí abajo, con tanto árbol y arbustos tapando la vista, no sé hacia donde, ni por qué, debemos seguir caminando.

    Buda, que, mientras tanto, se había subido a la cima de un cerro a su lado, tranquilamente respondió:

    -No te preocupes, desde aquí arriba se ve claramente hacia donde seguir caminando.”

    Comentario por Rob — Miércoles, 29 marzo 2006 @ 8:46 pm | Responder

  2. […] ¿Cómo se me ocurrió algo así? En verdad no se me ocurrió. Fueron mis jefes de Retaguardia los que me obligaron sutil, pero maquiavélicamente, a ir escribiendo cada vez más autobiografía (en el plano laboral, por lo menos) Fueron ellos los que le cambiaron el nombre al protagonista. Pero no se hagan ilusiones, no me verán en pantalla. No en la primera temporada, por lo menos. Aprovecho de agradecer a los retaguardios por llamarme para el proyecto, a Ritch por revisar y destruir el primer tratamiento del piloto (que era horroroso) y a Gorostiza por todo el café y las galletas que compartimos juntos en el Piso 18 del WTC, hace ya mucho tiempo. Acá está el link del antiguo post que escribí sobre el tema. Y, de regalo, un extracto que es, el mero punto de partida de todo el resto. […]

    Pingback por Mi abuela ganó CORFO. « El Escribidor. — Martes, 7 noviembre 2006 @ 6:32 pm | Responder


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