El Escribidor.

Miércoles, 19 julio 2006

Doble de cuerpo.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 9:15 am
Tags: , ,

En Inglés, el nombre del cargo es “stand in”. Los rodajes de cualquier cosa son eternos. Imaginen una escena de King Kong. Cientos de luces, equipos, extras, etc. Y muchas veces el director de foto necesita armar los planos y la iluminación teniendo presente al sujeto a filmar e iluminar, es decir, idealmente, al actor. Pero los actores gringos son, además de actores, estrellas y no aceptan estar largos minutos parados como referencia, sin hacer nada. Y es ahí donde entra el tipo en cuestion. Un tipo que tiene la suerte de parecerse a un actor y simplemente se para ahí como doble. No para que lo filmen, sino para que enfoquen, iluminen, prueben la ropa, marquen las posiciones, etc. No es glorioso, pero es mejor que barrer el piso. De hecho, hace un tiempo salió un reportaje sobre un Chileno que se parecía a Adrian Brody (que en este momento esquía en Valle Nevado) y había trabajado en King Kong. Creo que sólo en Chile un diario publica un reportaje a página entera sobre un tipo así. Mejor sería entrevistar a Jorge García, el guatón de LOST, que realmente tiene mérito.
Y sólo en Chile alguien escribe un post tan tonto como éste sobre lo mismo. Pero mis lectores saben que la gracia es el cómo más que el qué. Y es que si quieren cosas importantes pongan la CNN.
La cosa es que la semana pasada Crisis me llamó para ayudar en la filmación del trailer de “Ilusiones Ópticas”, su primer largometraje. Un trailer, como sabrán, es una sinopsis de la película, un “corto de cine” como dicen en los menús de los DVDs. En éste caso (y en varios otros) el trailer se filmó antes de la película, para entusiasmar y recaudar fondos para hacer la película. Cuando Crisis me contó su plan yo imaginé la filmación de un montón de tomas espectaculares separadas: un helicóptero en llamas, un narcotraficante escalando una reja en un callejón, Bruce Willis diciendo una frase irónica y disparando una bazuca, una pareja besándose frente a las olas, una estampida de rinocerontes en el paseo Ahumada, etc. Porque he visto muchos trailers y eso es lo que entiendo por ellos. Pero en el cine minimalista, oriental, intimista y milimétrico de Crisis, filmar el trailer era más sencillo e integral. Crisis simplemente seleccionó un grupo de escenas y las filmó completas. Varias las filmaron en Valdivia y el día en que me llamaron hicimos las dos que quedaban, acá en Santiago, pero con lluvia Valdiviana importada por obra y gracia de Dios o uno de sus productores: San Isidro.
Como yo tenía el dudoso cargo de “segundo asistente de dirección” (que según mis jefes era básicamente encargarme de que los actores estuvieran “entretenidos y motivados”) decidí aportar algo más y le propuse a Crisis llevar mi cámara y hacer una suerte de Making Of. Así que en mis ratos libres (que eran la mayoría) agarraba la cámara y filmaba. Y cómo Crisis filma con puros planos fijos, actuaciones sobrias y encuadres bien pensados, mi making of era todo lo contrario. Cámara tembleque, desenfoques, sonido sucio, imagen quemada. Pero insisto, es una opción estética. La única opción estética posible cuando yo soy el camarógrafo, pero una opción estética al fin. Cuando esté un poco más libre del guión que estoy preparando prometo editar el material pendiente (junto con horas y horas de otros materiales pendientes que la gente me saca en cara; bautizos, conciertos, recitales, comidas familiares y mi propio matrimonio, sin ir más lejos).
La cosa es que había una escena entre Álvaro Rudolphy y Gregory Cohen. Era medio Woody Allenesca: dos compañeros de trabajo conversando en una cancha de basquetball mientras el resto practicaba tiros al aro. Grabaron el plano general y luego un plano medio de Gregory. Pero Gregory estaba apurado y se tuvo que ir. Faltaba el plano de Rudolphy contestando. Y Rudolphy no lo podía hacer solo. Tenía que mirar a alguien, hablar con alguien, contestarle a alguien. Entonces buscaron a alguien lo más parecido posible a Gregory Cohen. Y, adivinen quién tuvo que dejar el making of para trabajar de Stand In. Es que la especialización en el cine Chileno es aún una utopía. Así que me pararon frente a Rudolphy y se prepararon para rodar. Yo empecé a recordar mis experiencias actorales. Que básicamente se reducían al taller de teatro que tomé en mi colegio en séptimo básico. Ahí teníamos un profesor alto, moreno, flaco y con cara de muerto al que apodábamos cariñosamente “Franky Santana”. El nos enseñaba “ejercicios”. Por ejemplo: acuéstense en el escenario, respiren y escuchen el silencio. O: cierren los ojos y estiren los brazos, ahora son árboles, la brisa los mece el sol los fotosintetiza, sean árboles. O: ahora griten, dejen salir sus gritos, caminen por el escenario y grítenle a un compañero. Y entonces, como ahora, yo sentía que actuar tenía mucho más que ver con decir cosas, poner caras, manejar autos y disparar pistolas que con “ser árbol” o “gritarle al compañero”. Así que no saqué nada en limpio de todo ese taller. Salvo los ataques de risa que nos daban cada tanto con el Rata y que enfurecían a Santana.
El peor ataque de risa, eso sí, nos vino antes de la función final, en un festival de teatro. Nuestro papel era simple, pero conceptualmente complejo. Mientras el resto actuaba de personas nosotros, los que nunca habíamos entendido los ejercicios, actuábamos de “masa”, es decir vestidos de negro y con máscaras blancas. Como Jason, pero de yeso casero. Y en medio de la obra, salíamos caminando como “masa” y raptábamos a uno de los actores-persona. Parece que simbolizábamos algo, porque la obra era una “creación colectiva” y las “creaciones colectivas” están llenas de símbolos y metáforas para que la gente al salir las comente y se olvide un poco de la actuación, el sentido o la progresión dramática. Recuerdo que mi papá fue a verme y en lugar de emocionarse se escondió en el asiento y luego arrancó. A la salida me encontró y me dijo que nunca se había sentido tan avergonzado en su vida. Debe haber sido esa la primera vez que me sugirió estudiar Ingeniería Comercial. Eso fue al final, pero el ataque de risa fue antes de la obra. Porque justo antes de entrar al escenario, Franky nos llamó a todos, nos dijo que nos abrazáramos mutuamente y que ejecutáramos un ritual “de la gente de teatro”. Asustados y serios, escuchamos todos. Franky cerró los ojos como invocando fuerzas superiores y interjeccionó solemnemente: “mierda, mierda, mierda.” Y, sin ofender a mis amigos actores, debo confesar que si estás en séptimo básico, nervioso y te salen por sorpresa a garabatearte las espectativas de esa forma el resultado sólo puede ser un espasmo de risa incontenible que, por supuesto, no le hizo ninguna gracia a Franky Santana ni al resto de los actores-personas (solo nos reímos los actores-masa).
De todo eso me acordé parado frente a Rudolphy y con todo el equipo observándome. Ibamos a rodar y yo no sabía que hacer. ¿Le contesto, no le contesto, lo miro, no lo miro? Hice un gesto para que pararan y lo hicieron, con algún desagrado. Le pregunté a Rudolphy si quería que le contestara o simplemente lo miraba y él decía sus líneas sin interacción. Rudolphy me miró sin saber: “no… no sé… da lo mismo”, me dijo. Y es que se me había olvidado lo que Hitchcock decía de los actores. El director era mi única salvación. Abandoné mi posición y fui a hablar con Crisis, que me miró con ojos de infinito cansancio valdiviano.
– Cris -le dije-. Necesito mi motivación. ¿Cuál es mi motivación?
– Trata de parecerte lo máximo posible a Gregory Cohen -dijo Crisis apenas mirándome.
Así que volví a pararme frente a Rudolphy y comenzamos a rodar y Rudolphy me dice algo mirándome a los ojos. Y a pesar de los consejos, desde muy dentro mío nació el actor que Franky Santana había sembrado a escondidas. Sentí que NO PODíA quedarme callado, así que como no sabía las líneas exactas, le respondí cualquier cosa parecida, tratando de SER Gregory Cohen, si no de parlamento, por lo menos de intención; de alma.
Y resultó. Hicimos como cinco tomas, nadie criticó mi improvisación y Rudolphy, al parecer, fue olvidando que Cohen se había marchado. “Gracias Franky. Oh, capitan, my capitan…”, pensé muy dentro mío. Nunca es tarde para encontrar tu verdadera vocación.

Anuncios

1 comentario »

  1. Un detalle para los fieles lectores de “El Escribidor”.
    Frankie Santana – el profe aludido – era llamado así por que se parecía a Frankenstein. Como ese nombre es un poco fuerte para un profesor, se decidió derivarlo a “Frankie Santana”, que era una amigo de Murdock, el de Los Magníficos.

    Después de todo… no éramos tan malos como se nos acusaba.

    Comentario por Parrao — Jueves, 20 julio 2006 @ 9:20 pm | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: