El Escribidor.

Viernes, 21 julio 2006

“The Assassination of Richard Nixon”

Filed under: Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 12:39 pm

¿Vaso medio vacï o medio lleno? Su esposa es adorable, pero no quiere verlo ni en pintura.

Mi política en el blog ha sido nombrar los comentarios con el nombre en español de las películas. En parte por respeto a aquellos que todavía no entienden inglés (si hay gente que no sabe usar Excel, imaginen si no habrá gente que no habla inglés), pero principalmente para hacer más fácil que mis lectores se inspirados que quieren correr al cine luego de leer mis loas encuentren fácil la película loada. Pero en éste caso la traducción superó todos los límites y licencias posibles, porque a una película que se llama “El asesinato de Richard Nixon” ponerle “Dias de Furia” es estirar demasiado el elástico. Además ¿no se llamaba así la película esa en la que Michael Douglas hacía de ciudadano enojado y agarraba a balazos a la gente que hacía tacos, a los vendedores del McDonnalds, a los grafiteros y a los neonazis? Le faltaron solamente los estacionadores de auto. Tal vez es intencional el parecido en el título. Algunas cosas en común tienen. Básicamente la furia. Y los días, pero casi todas las películas tienen días.
Le pregunté a Dunga, que es ciudadano del mundo, cuál es el trauma que tienen los gringos con Nixon. Por qué tantas películas, por qué tantas menciones, por qué tanto. Me explicó que Nixon fue un presidente que aprovechó la maquinaria estatal y de seguridad gringas para su propio benerficio y de alguna forma pasó a llevar derechos ciudadanos que para los gringos pasaron a ser incuestionables de ahí en adelante. En el péndulo entre libertad individual versus control estatal, Nixon fue probablemente el punto más lamentablemente extremo en contra del individuo.
Y de eso va la película. Basada libremente en un hecho real. En plena administración de Nixon, un frustrado y deprimido vendedor de muebles decide robarse un avión de pasajeros y estrellarlo contra la Casa Blanca. Estamos hablando del año ’74, o sea que se confirma una vez más que ninguna idea es original y también que más que la idea importa la ejecución. Pero los que esperan encontrarse una película de secuestros, policías, rehenes y balazos, saldrán decepcionados. Acá la acción se centra en los meses previos al secuestro, la película se mete en la vida y en la mente de Samuel Bicke para mostrarnos su patética caida en la desesperanza y en el estúpido plan final.
Es increíble como todas las películas que se centran en el punto de vista de un tipo solitario y violento no solo se parecen a “Taxi Driver” sino que de alguna manera terminan siendo “Taxi Driver”. El otro día Ritch me preguntaba qué me gustaba tanto de “Taxi Driver” y la verdad es que no pude contestar la pregunta. La fascinación que ejerce esa película en generaciones completas va mucho más allá de la racionalización y la suma de sus partes. Aunque no haya ninguna conexión puntual, temática ni dramática, “Taxi Driver” también se huele y se siente en el guión que estamos escribiendo. Al final Travis Bickle, más que una influencia es un nuevo arquetipo que sólo puede ser contemporáneo, porque es el arquetipo del individuo perdido y anónimo en la ciudad. Y cómo diría Hermes, el sabio, cuando los griegos “inventaron” los héroes y las mitologías le llamaban ciudad a una porquería de aldea con quinientos tipos en túnicas. ¿Y acaso alguien se puede sentir perdido y anónimo en Pitrufquén o en Riñinahue?
Así que acá tenemos a Sean Penn haciendo básicamente de Robert de Niro. Pero aunque les parezca imposible, ésta película es infinitamente más negativa que “Taxi Driver”. Bicke (parecido a Bickle, ¿no?) es tan inadaptado y solitario como Bickle, pero no tiene su encanto, su sonrisa, su excentricidad ni su valentía, entrenamiento ni voluntad superior como para llevar a cabo con éxito sus planes destinados al fracaso. Bicke es como una mala cruza entre Travis y el otro personaje DeNiriano-Scorseseano: Rupert Pupkin, el Rey de la Comedia. La violencia potencial de Travis con la ineptitud de Pupkin. De hecho, hacia el final, la planificación del secuestro con maquetas y “modelos” recuerda asombrosamente a las rutinas humorísticas de Pupkin mirando públicos pintados en el sótano de su casa.
Es fácil ver en ésta película de época una alusión directa a otro presidente republicano tanto o más odiado por la mitad menos uno de un país completo. Bush Jr. parece tener muchos puntos de contacto con Nixon en cuanto a coartar libertades en pos de un dudable bien superior. Pero la película, a mi juicio, no se queda ahí. Es, de hecho, una película asombrosamente ecuánime, tal vez, a pesar suyo. Y su ecuanimidad no descansa en mostrar “ambas versiones”, sino que más bien en mostrar un punto de vista tan exagerado y tan extremo que permite al espectador empatizar y, al mismo tiempo, odiar al protagonista.
Sean Penn es un genio y ésta es una película de actor. Sean Penn se equilibra constantemente en la delgada línea roja entre la actuación genial y la sobreactuación burda. Pero sale airoso en ésta. Sufre y sufrimos con él. Se enoja y nos enojamos con él. Sentimos el peso de su mundo injusto sobre nuestros propios hombros. Podemos entender con precisión el proceso mental que le lleva a relacionar su fracaso marital, laboral y personal con la opresión y la corrupción de Mr. Nixon.
Pero al mismo tiempo, no podemos dejar de pensar que es un imbécil. Que su pesimismo no tiene perdón y que por cada cosa por la que él se ahoga en un vaso de agua, nosotros nos encogeríamos de hombros y seguiríamos adelante. Y es que, más allá de una reflexión política, moral o contingente, la maravilla de “The assassination…” son las terribles consecuencias de tomarse la vida demasiado en serio y traspasar los propios problemas a otra gente. Pecado del cual, queridos amigos, pocos estamos libres.

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1 comentario »

  1. Eating disorders also are a serious sign of depression.
    Surwit notes also that: “The change is nearly as large as you would expect to see from some diabetes-control drugs”.
    Diagnosis can be difficult and Manic depression is
    classed as a chronic relapsing illness so it best to work with an experienced Psychiatrist
    and continue treatmet even when you’re feeling better..

    Comentario por academy of cognitive therapy case Conceptualization — Miércoles, 7 noviembre 2012 @ 8:00 am | Responder


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