El Escribidor.

Martes, 22 agosto 2006

Bar Karaoke (Hotel Nipón)

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 9:43 am

Vayan al Hotel Nipón y sean Bill Murray por una noche.

En mi vida he cantado mucho más de lo que debiera haberlo hecho. Así como hay algunos que hablan de más, yo suelo cantar de más. Mi aptitud musical es baja. No digo nula porque tengo la capacidad de reconocer, recordar y distinguir canciones. Puedo diferenciar rápidamente a Vivaldi de Bethoven, a Luis Jara de Robbie Williams, a Los Prisioneros de Rush. Pero eso sería. Mi oído comienza y termina ahí. El único recuerdo que tengo de las clases de música era el peso del metalófono colgado sobre mi hombro en las tardes de verano, esperando micro en Irarrázaval (y el bolso de educación física del otro hombro, y la parka colgando del brazo). O, después, la maldita flauta dulce y la incapacidad de mis dedos para tapar todos sus hoyos. Chillaba como un gato, la desgraciada. Como esos sueños en los que no puedes pegar combos, mi realidad de pesadilla era no poder tapar nunca esa flauta.
Mi aproximación al piano no es más gloriosa. Mi abuelita lela tenía un piano viejo en la casa de Rancagua. De cinco, seis, siete años, me sentía estúpidamente atraído por el desafinado armatoste. Y me sentaba a “sacar canciones”. Tenía las ganas y la aburrida persistencia, pero nunca logré, en el vacío, diferenciar una nota de otra. Para mi una nota sólo tiene sentido en relación a las demás. Puedo entender y hasta escuchar una desafinación, pero no puedo, como hace Andrea, escuchar el pito del ascensor y decir “es un fa”: ni siquiera como carril; me supera. Así que en todos los años “sacando canciones”, en las cientos de tardes perdidas frente al piano, lo único que logré “sacar” fue una versión deficiente e incompleta de “La Chica de Rojo”.
Pero cantar es otra cosa. Cantar tiene la ayuda de las palabras, la letra. Y cómo aprendemos a hablar casi al mismo tiempo que a caminar, sentimos que cualquier cosa que involucre hablar o caminar no puede ser tan difícil. Aunque pasemos cayéndonos. He escuchado a mucha gente confesar, casi con orgullo su ineptitud matemática. Pero nunca he escuchado lo opuesto. “Soy negado para las letras”. Eso no se escucha y, por Dios, que debiera escucharse.
Debe haber sido por mi actitud rockera, pero en el colegio tenía amigos idem. Y todos tenían la habilidad suficiente como para champurrear cualquier éxito del momento en una guitarra. Y yo básicamente tenía dos alternativas: quedarme callado o cantar. Y como nunca he sido bueno para lo primero yo cantaba. O trataba. Chillaba. Gritaba las letras con cierta entonación variable. Pero me sabía las letras y eso valía. Incluso de las canciones en Inglés, gran mérito en un colegio en el que las clases de Inglés se hacían en español. Además, si el ambiente playero estaba lo suficientemente desinhibido, o sea, casi siempre, podía pararme y bailar como Axl mientras cantaba don’t cry. Sí, yo también me avergüenzo.
En la universidad pensé que el canto era un capítulo superado. Pero mi debilidad por la directora me llevó a matricularme en el coro de la facultad. Como mis compañeros eran apáticos y nadie nunca se inscribía en nada, pensé que Mónica una chica muy chica, bonita y, después me di cuenta, obsesiva y perfeccionista hasta la enfermedad, me iba a agradecer el gesto. Pero en lugar de eso, se dedicó a reprocharme mis impuntualidades, ausencias y desafinaciones hasta que al mes hube de renunciar al coro haciéndome el ofendido y arrancar lejos llevándome más pesadillas musicales y el deshonroso apodo de “la bestia” con el que me bautizaron mis compañeros de canto.
Con Ritch, uno de éstos compañeros de canto, su cita de rigor (una periodista y bailarina moderna) y Andrea, que ha pasado toda su vida tocando piano y cantando en coros, pero que, sin embargo, padece de un inexplicable pánico escénico, fuimos el fin de semana pasado al Karaoke Pub del Hotel Nipón (Barón Pierre de Coubertin, ex marcoleta, frente al restaurante Japón).
El lugar está en un subterráneo, es pequeño, con sillones de cuero y una barra llena de Chivas Regal marcados con los nombres de los Japoneses habitué. No es caro, es muy acogedor y es claramente lo más cercano que conozco a sentirse Bill Murray en Santiago de Chile. Obviamente, el ambiente japonés no impide poder cantar los grandes éxitos de siempre en español e inglés con esos videos kitsch y vergonzosos imprescindibles. La carta de Karaokes podría ser más amplia (no tenían Bossa Nova, ni Salvatore Adamo, ni “More than this”), pero estar el 90% del tiempo solos, eligiendo sin parar nuestras propias canciones pagó con creces cualquier omisión.
La única interrupción que tuvo nuestra soledad acompañados de Soledad, la barwoman y karaoke DJ, fue una pareja de cuarentones borrachos que se sentaron en la barra a cantar canciones en Japonés. Lo que no hubiese tenido nada de raro en el Hotel Nipón si no hubiera sido porque ninguno era japonés ni tenía la menor noción del idioma.
Al final, me reconcilié con el canto. Y es que cantar en Karaoke requiere de tres habilidades: cantar bien, saber “interpretar” las canciones y tener patas. Y a las cuatro de la mañana, me sobraba con dos de tres.

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4 comentarios »

  1. Recuerdo alguna vez tratándote de convencerte en el colegio para que cantaras “Help!” al lado del piano. Qué lindos tiempos.

    No sé si tengo que opinar ago sobre el tema del karaoke en cuestión, pero como hablaste cuando estábamos en el colegio, no puedo dejar de recordar a un viejo zorro de la música… el profesor “Paleta”. Su mayor gracia, tocar “Let it be” con ritmos cumbiancheros, mietras te miraba de soslayo por el ojo bueno.

    Comentario por Parrao — Martes, 22 agosto 2006 @ 4:00 pm | Responder

  2. Pedir auxilio para cantar Help! Poético eso. Sólo hubiese sido mejor que hubieras pedido ayuda para “A little help of my friends”
    Buenos tiempos, en todo caso. Y el “Let it Be” de “Paleta”… simplemente un clásico.

    Comentario por Mitch Gómez — Miércoles, 23 agosto 2006 @ 5:15 pm | Responder

  3. Hola, me puse a hacer recuerdos buscando cosas del karaoke y encontre tu experiencia, soy la barwoman, lamentablemente el bar lo cerro la duena del hotel.te dejo mis saluditos.

    Comentario por SOL — Martes, 10 febrero 2009 @ 2:52 pm | Responder

  4. Hola, buscando recuerdos del karaoke me encontre con tus experiencias, lamentablemente la duena del hotel lo cerro, y aveces extrano mucho el conocer personas ahi, todos los dias era algo diferente.
    soy la barwoman.saluditos

    Comentario por SOL — Martes, 10 febrero 2009 @ 2:55 pm | Responder


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