El Escribidor.

Miércoles, 13 diciembre 2006

La inmensa y silenciosa mayoría.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 8:30 am

¿Qué ve usted? ¿Diferencias o semejanzas? Yo... yo veo una foto vieja.

Muere Pinochet y en las noticias se ve un país partido en dos. Homenajeado como Papa en Escuela Militar, celebrada su muerte con champaña, bailes y banderas un poco más abajo. Y la gente que saca la voz, grita en la tele, canta segundas estrofas y rompe cosas parece habitar el mismo país que nosotros. El mismo país de las noticias, el mismo país de hace 30 o 40 años.
Pero la inmensa y silenciosa mayoría no habita ya ese país. La inmensa y silenciosa mayoría se queda en sus casas mirando perpleja la locura allá afuera. La inmensa mayoría conversa del tema al almuerzo del día siguiente, con distancia y extrañeza. Con una opinión, pero sin pasión ni odio.
Quiero pensar que la inmensa y silenciosa mayoría entiende que Pinochet no es tema. Que los que alguna vez fueron sus defensores se rindieron a la evidencia. A la evidencia de que nada justifica los abusos. Abusos que empezaron con un golpe de estado -quién espera un golpe pacífico- pero que continuaron sin justificación por muchos años más: inutil, cobarde y cruelmente.
Quiero pensar que los que aún así no se convencieron, terminaron de convencerse cuando el último argumento, la última justificación, la última trinchera moral voló en mil pedazos con las cuentas del Riggs. Y no se trata de que el robo sea más grave que la sangre, como dicen muchos. Se trata de que el robo es injustificable. Ante la sangre se puede alegar ignorancia o se puede alegar necesidad. Todos debemos admitir que SI se ha derramado sangre por buenas causas. Quien mata a nombre de algo siempre puede decir: “me equivoqué, pero pensé que estaba haciendo lo correcto”. El asesino siempre puede reclamar buena Fe. El ladrón, en cambio, revela su verdadera cara: su mezquindad, su falsedad y su pequeñez.
Quiero pensar que la inmensa y silenciosa mayoría entiende que no acaba de morir un dictador. Acaba de morir un EX dictador. Pinochet ya no dictaba nada, ya no influía en nada, ya no cambiaba nada. Como Honecker, cuando llegó a vivir a La Reina, a dos cuadras de mi casa, Pinochet era un pobre viejo, una enferma y arruinada carcaza de hombre público, como muy bien dijo Villegas. Si Pinochet hubiese muerto hace 20, 10 o 5 años se entendería la gente en las calles, la controversia, la discusión. Que haya pagado o no con cárcel es histórica y moralmente irrelevante. Pinochet, en vida, fue juzgado y condenado. Un tipo que se soñó como héroe se vé a si mismo reducido a nada, odiado por el mundo, negado una y mil veces por todos sus apóstoles. Si eso no es perder, entonces qué es perder. Si como enemigo eso no te basta, entonces qué clase de enemigo eres, qué clase de triunfador eres. Si tener la justicia, la razón y la moral de tu lado no te dan la paz, entonces la justicia, la razón y la moral eran excusas, lo que realmente te movía era el odio y lo que realmente te hubiera dejado contento hubiera sido la venganza. Torturar al enemigo tal como él te torturó. Y eso, a mis ojos, te pone en el mismo plano que el torturador y el asesino. Si odias lo mismo, si estás dispuesto a llegar igual de lejos, eres igual de asesino, eres igual de malo, eres solamente un asesino con mala cueva, un asesino sin armas, un asesino impotente.
Quiero pensar que la inmensa mayoría aprendió la lección. Porque si hay alguna lección que aprender de los últimos cuarenta años en Chile y del último siglo en el mundo es que los excesos, las intransigencias, la polarización y las cabezas calientes siempre terminan con con golpes, dictaduras, kamikazes o bombas atómicas.
Dicen que no hay que olvidar las lecciones de la historia. Y yo no quiero olvidar. No quiero olvidar que la filosofía de las marchas, de los puños en alto, del avanzar sin transar y de fusilar sin preguntar es la verdadera culpable de lo que pasó en Chile. Es iluso, infantil, irreal, pensar que Pinochet inventó algo. Pinochet fue solo el nombre del tipo al que le tocó hacer lo que cualquier otro hubiera hecho un poco antes o un poco después. Si hubiese sido otro, probablemente estaríamos contando los mismos (sino más) muertos. Y nadie sabe que hubiera pasado con la economía, la sociedad y el futuro. Porque todos sabemos que la apertura y liberalización económica no fueron obra de Pinochet sino de un grupito de civiles que también podrían haber sido llamados por el general Pérez, Soto o García. Pinochet, como la inmensa mayoría de los hombres, fue sólo un títere de su tiempo. Un mono porfiado de un mundo en el que todo el que todos querían pegar el primer combo.
No hay que olvidar las lecciones de la historia, dicen. Y yo no quiero olvidar que gente como la que chillaba frente al hospital militar era la que hace treinta años le tiraba trigo a los mismos militares. La que después se reía diciendo “que los maten a todos” sin nunca haberse tenido que ensuciar un zapato. Y la que durante muchos años se negó a creer, miró para el lado, cambió y ocultó información de lo que realmente estaba pasando.
No hay que olvidar las lecciones de la historia, dicen. Y yo tampoco quiero olvidar que gente como la que ondeaba banderas rojas en plaza Italia era la que hace treinta años (y aún hoy, por Dios, aún hoy) defiende ideas basadas en el odio, en la lucha de clases, en la intransigencia y en la imposición de utopías (añejas, acabadas, inútiles) por la fuerza. Gente que en pocos meses hará malabares verbales para explicarnos que Fidel Castro, en el fondo, es dictador, pero no tanto. Gente que se llenó la boca de palabras como “lucha armada” o “dictadura del proletariado”, pero que cuando vieron lo que lucha y dictadura eran realmente corrieron a esconderse, lloraron y miraron para el lado dejando que los pobres y bien intencionados tontos que realmente tomaron el cuento en serio murieran como moscas.
No hay que olvidar las lecciones de la historia. Y me alegra pensar que la mayoría las ha aprendido. La gran mayoría que se queda en su casa mirando perplejos los gritos de afuera. La mayoría de la concertación que, teniendo razones para odiar y gritar guarda silencio. La gran mayoría de derecha que ya no trata de justificar lo injustificable. Y sí, seguro, de lado y lado las gritonas minorías nos acusarán de inconsecuentes, vendidos, traidores y tibios. Pero, ¿saben qué? Estoy orgulloso de pensar y contar hasta diez. Orgulloso de entender que el mundo no está partido en dos y que la vida no siempre tiene que ser una batalla. Orgulloso de no querer vivir en el pasado. Orgulloso de tratar de detener el péndulo del odio. Estoy orgulloso de pertenecer a la inmensa y silenciosa mayoría que, simplemente, quiere vivir en paz.

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14 comentarios »

  1. Gómez: No puedo dejar pasar la liviandad con la que te refieres a la “evidencia”. Te aclaro: no existe ni una hebra que conecte a Pinochet con los crímenes de sangre o con el dinero. Si hubiera evidencia, habría fallos. No te quepa duda de que el poder judicial, dominado por declarados militantes de izquierda, lo habría condenado con la más mínima prueba. Porque en este país (se supone) existe la presunción de inocencia. Y el peso de la prueba recae sobre los acusadores, no sobre los acusados. ¿O tú también crees que los derechos sólo existen para los humanos de izquierda?

    3000 personas, de uno y otro bando, murireron para que tú puedieras darnos clases de moral, parapetado en tu antiséptica torre de marfil. Harto fácil para ti, que nunca te viste forzado por la vida a decidir moralmente. Otros se enfrentaron a sangre y fuego en el pasado para decidir que clase de vida llevarías, que tipo de comida ibas a comer, qué música escucharías, qué idioma aprenderías en el colegio (ruso o inglés). Pero a ti te parece que la actitud lógica es la indiferencia hacia el dictador. Eso es tan ridículo como ignorar a O’Higging, otro dictador que, como Pinochet, decidió nuestros destinos. Tú te limitas a tomar té y masticar tranquilo un pan con palta, en compañía de tus familiares cercanos. Y a despotricar en tu tiempo libre, parapetado en la antisepsia de tu torre que brazos menos burgueses que los tuyos protegieron…

    Mitch Gómez no sólo es un personaje imaginario, además vives en un país imaginario. En tu país, los enemigos se hermanaron. En el mío se libra una inmensa y silenciosa guerra, apenas contenida por un dique llamado constitución del ochenta.

    Comentario por Uninvited villian — Miércoles, 13 diciembre 2006 @ 5:42 pm | Responder

  2. Amigo no invitado. No veo por que un poder judicial que es tan ineficiente para mantener a delincuentes, ladrones y violadores tras las rejas deba presumirse eficiente o rápido para juzgar a una persona que tuvo bastante más apoyo y boinazos de su lado que un delincuente común. Que yo sepa, no poder ser juzgado por razones de salud no es precisamente un triunfo judicial. Que yo sepa, morir antes del final del juicio no prueba tu inocencia. Pero más allá de ese punto, punto aparte.
    En efecto estoy feliz de no haber tenido que vivir los tiempos difíciles. Y por eso mismo no quiero perpetuar los tiempos difíciles. Si por las razones que sean puedo tener una vida tranquila y vivir en una torre de marfil antiséptica en la que, por lo demás si he tomado y tomo decisiones morales todos los días, el mejor reconocimiento y agradecimiento ante los que tuvieron que caer es precisamente mirar hacia adelante y no ver luchas silenciosas, heredadas, ajenas y perpetuadas por el único sentimiento que llena el vacío cuando no quedan ideas ni ganas de otra cosa: el odio.

    Comentario por Mitch Gómez — Miércoles, 13 diciembre 2006 @ 8:39 pm | Responder

  3. Morir antes del fin de un juicio no prueba inocencia, ni tampoco culpabilidad.
    Debo eso sí argumentar que ejercitos de abogados querellantes llevan décadas tratando de establecer el vínculo entre Pinochet y los crímenes. Y aún no han producido ni una sola prueba concluyente.
    Todo lo que hay son sospechas (fundadas). Pero nada que permita catalogarlo responsablemente de asesino o ladrón.

    ¿Punto aparte? No me refiero a la decisión moral de bajar o no bajar la tapa del escusado. Me refiero a decisiones MORALES, así con mayúscula, relacionadas con la vida y la muerte.

    Y el odio, por si no te has dado cuenta, existe. Y no combatir a quien te odia es lisa y llanamente estúpido.

    Comentario por Uninvited villian — Miércoles, 13 diciembre 2006 @ 9:20 pm | Responder

  4. Interesante polemica justo en un post que busca la sensatez, el punto de equilibrio y hablar por los que se callan y se quedan en casa, como yo.

    Tentar contra argumentar el texto en base a que “no se logró ninguna prueba definitiva” no agrega mucho a un debate que puede ser mucho más rico. En realidad muy pocos, pero muy pocos dictadores han sido juzgados y condenados en la história moderna, puedo pensar en solo dos. Las razones para eso lo podemos discutir en otra oportunidad.

    Creci escuchando que mi (probablemente nuestra) generación era apatica… la generación de los “que no están ni ahí”. Siempre me sentí avergonzado de que mi generación no tenga ideologia, no salga a las calles por un IDEAL, que no tenga grandes pensadores. Mi generación no tiene un equivalente al movimiento del ’68. Siempre vi eso como algo negativo, pero ahora veo que ese es el mejor legado que mi generación puede dejar para la de mis futuros hijos.

    Comentario por Dunga — Jueves, 14 diciembre 2006 @ 10:25 am | Responder

  5. Yo tengo una trinchera y no la oculto: Neoliberalismo, Sionismo y McKeeismo.

    Comentario por Uninvited villian — Jueves, 14 diciembre 2006 @ 10:44 am | Responder

  6. Respetables trincheras, villano, aunque todo exceso termina por desvirtuar lo bueno. Pero dígame usted en qué momento confundió el neoliberalismo con el pinochetismo. Que en Chile se confundan es una trampa histórica. Y flaco favor que usted, y varios como usted, hacen al perpetuarla.

    Comentario por Mitch Gómez — Jueves, 14 diciembre 2006 @ 1:36 pm | Responder

  7. Cierto. En Chile neoliberalismo y Pinochetismo dejaron de ser lo mismo. Ahora somos todos neolibres y neoliberales… gracias a Pinochet.

    Por eso me parece merecida la muestra de agradecimiento que MILES de chilenos le manifestaron en su muerte. Pacíficamente. Quiere decir que a nuestro país, o al menos a una parte de éste, le queda algo de decencia.

    Comentario por Uninvited villian — Jueves, 14 diciembre 2006 @ 4:18 pm | Responder

  8. Pacíficamente ?….y cómo le llamas a esas demostraciones histéricas de las “damas” que a escupitajos, “aguatazos” y demases lanzaban a todo aquel que se ponía por delante, iclusive a periodístas que sólo querían cubrir “la noticia” ?……….ciertamente me quedé en casa compartiendo unas ricas cervezas y un rico asado, y de paso comentar y celebrar la muerte de ese anciano con la esperanza de que algún día su nombre sea sólo parte de la negra historia que vivío nuestro país……qué neoliberalísmo ni que nada, sólo somos un país que nisiquiera tiene identidad y que cada vez está más llano a adquirir cultura foránea, somos los Bob esponja de latinoamérica y los reconocidos mundialmente por nuestra “cultura” de la apropiación de lo ajeno……..Punto aparte, venga quien venga al poder, sea de derecha, centro o izquierda va a seguir siendo lo mismo, mientras como pueblo, (hablo de las personas que conforman la nación), mientras los chilenos todos no cambiamos de actitud y de mentalidad…..me refiero a pequeños actos de nuestra vida cotidiana……..(esto da para largo, el que entienda bién y el que no….puf….me cansé)…….

    Comentario por cristina — Viernes, 15 diciembre 2006 @ 1:59 am | Responder

  9. Entre paréntesis, sólo buscaba antecedentes sobre la cerveza en Chile, y me encontré inmersa en este foro……Me llamó mucho la atención esta crónica escrita por mitch gómez……te felicito, me gustó demasiado tu crónica, la forma y el fondo, aunque no concuerde plenamente con todo lo que escribes, sí te mereces todo mi respeto.

    Comentario por cristina — Viernes, 15 diciembre 2006 @ 2:07 am | Responder

  10. En buena el villano quedó corto de argumentos,
    muy buena la columna Mitch, pero no cites más al chascón Villegas que es 0 aporte, es el Pasalacua social.

    Comentario por sensei — Sábado, 16 diciembre 2006 @ 10:04 am | Responder

  11. Lo lamento sensei, pero casi siempre le encuentro la razón al chascón Villegas. Y casi nunca a Psalacua, así que para mi, la comparación no vale. De hecho, encontré que el domingo él y Paulsen estuvieron atinadísimos. Melnik y Guiller, en cambio, sólo servían para dar pena.

    Comentario por Mitch Gómez — Sábado, 16 diciembre 2006 @ 11:19 am | Responder

  12. Oye excelente nueva casa te felicito, muy buen formato. exito

    Comentario por Kalvuch — Sábado, 16 diciembre 2006 @ 6:16 pm | Responder

  13. tres comentarios:
    1.-Como decía un personaje en una película (hagan la tarea y adivinen cual, después de todo aquí se habla de cine, ¿no?)en una tautología bastante apropiada, matar a un hombre por defender una idea no es defender una idea, es matar a un hombre.
    2.- El villano no-invitado, al igual que el discurso pinochetista habitual, se salta olímpicamente años de horror y sangre, eligiendo como argumento con aquel discurso del liberalismo económico que tanto se alaba. Algo así como: “Mataron a mi padre, pero no importa, porque tengo tarjeta de crédito”.
    3.- Hace rato que Pinochet estaba muerto. Su propia cobardía en no aceptar su hambre de poder lo mató.

    Comentario por J González S — Domingo, 17 diciembre 2006 @ 11:43 am | Responder

  14. Hola..buscando la manera de cambiar la imagen que muestra youtube de los videos que subimos, me he encontrado con tu pregunta sobre el mismo tema en un foro…Te agradeceria que si te has llegado a enterar de algun modo, me lo comunicaras…me seria de gran ayuda. Aprovecho este momento para desearte una Feliz Navidad si es de tu agrado…y si no lo es..Feliz siempre. Un abrazo.. toni.

    Comentario por antonio — Martes, 19 diciembre 2006 @ 2:31 pm | Responder


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