El Escribidor.

Domingo, 6 mayo 2007

El affaire de las papayas al jugo (segunda parte y final).

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 6:48 pm

El ro Maule.

Edo no pudo decir nada. Don Samuel se rió parcamente y le dio un consejo: “no le cuentes a nadie o no te bajarán nunca más del columpio”. Edo cortó rápido tratando de ocultar el desconcierto y la rabia. Más allá del sudor frio y la sangre bombeando a la cabeza, una débil luz de esperanza lo llamó a mantener la calma y actuar rápido. Recordó que había pagado con cheques. Levantó el teléfono y marcó el número del banco. El laberinto de opciones de la grabación telefónica se le hizo un poco más infinito que siempre. Cuando finalmente pudo preguntarle a su ejecutiva de cuentas, ya era demasiado tarde.

– Los cheques fueron cobrados hace cinco minutos, don Eduardo. ¿Qué pasó, se los robaron?

– Parecido. Compré papayas.

– De verdad lo lamento -dijo la ejecutiva de cuentas, como dando un pésame.

Edo cumplió a medias el consejo de don Samuel. Trató de mantener el asunto oculto entre sus compañeros de trabajo, pero se desquitó contándolo a sus amigos. Por supuesto que no lo bajamos del columpio. Cada cual daba su opinión, comiendo fruta confitada a puñados. Desde Dunga que insistía en que en una deli de New York la gente pagaría mucho más que eso por una caja de madera, probablemente nativa, llena de fruta, seguramente artesanal y de cualquier manera, exótica. Hasta Felipe, que relacionó la rotura del celofán la quema de naves de Hernán Cortez. Yo, que no pierdo ocasión de desquitarme desde que Edo me disparó una bola de paintball a quemarropa, sugerí que alguien que trabajaba en el área comercial no tenía ningún derecho a enojarse por una maniobra preciosa que más que estafa era en realidad un magnífico ejemplo de CRM y aumento de valor percibido a través de atributos intangibles del producto o cualquiera de aquellos preciosos modelos de marketing que habíamos estudiado tantas veces y que Felipe resumía en una frase precisa y descarnada: “comprar barato, vender caro”.

Trasquilando en el aserradero.

La historia hubiese quedado ahí. Edo retomando el entrenamiento en la desconfianza y la sabiduría callejera, como un boxeador invicto que por primera vez muerde el polvo. No tengo como saberlo, pero intuyo que alguna vez fantaseó con encontrar al serenense desprevenido y hacerle una devolución de compra de carácter medieval. Pero la vida rara vez da segundas oportunidades, al menos, no como las esperamos. Por eso Edo se demoró en reaccionar cuando, un día cualquiera, sonó su celular.

– Tengo al tipo de las papayas en mi oficina. Bajo, gordito, sonriente, sombrero de Indiana Jones.

– Es él –dijo Edo con la imagen viva-. Es él, huevón, es él.

Era Tatán. La segunda oportunidad venía con intermediario y desde Constitución. El tipo de las papayas había entrado en camioneta y con ayudante a las oficinas del aserradero. Sin preguntarle nada a nadie se estacionó en el puesto de gerencia y bajó con tres frascos de papayas al jugo.

– Don Sebastián, cómo está, vengo de parte de su papá a traerle éste regalito.

Tatán, que es un verdadero maestro en el arte de hacerse el tonto, simplemente lo dejó hablar.

– Su papá siempre me compra frutas cuando va a La Serena. Le acabo de vender una caja en el otro aserradero. Me dijo que a usted le gustaban las papayas. Así que pasé a dejarle estos frasquitos. Yo igual ahora vuelvo a La Serena y me quedaron dos cajas. ¿Quiere verlas?

Tatán sonrió amplia, tonta e inofensivamente. Un verdadero maestro, insisto.

– Véamoslas, pues –dijo en tono de campo.

Fueron a la camioneta. El chofer parecía algo tenso. El serenense hablando hasta por los codos: que mire la fruta, primera calidad, cajas de madera autóctona, usted sabrá apreciarlas, mejor que nadie, mire, pruebe.

Y el celofán roto destruyendo cualquier margen de duda.

– Espéreme un poco, voy a preguntarle a mi señora para ver cuánto le compro –dijo Tatán.

Se encerró en la oficina, sacó el celular y llamó a Edo. Y Edo que sólo atinaba a repetir el mantra de es él, huevón, es él. Tatán habló por celular un poco más tiempo del recomendable, o tal vez dejó de sonreir mientras pensaba qué hacer, o simplemente el serenense tenía demasiados años de circo. La cosa es que antes de que Tatán decidiera su jugada, el mejor vendedor de Chile optó por la defensa más sensata: la huída. Le hizo una seña a Tatán y le gritó desde el estacionamiento:

– Voy a tomar otros pedidos mientras se decide.

Y salió del aserradero, conteniéndose para no correr. El chofer, desconcertado y nervioso, prendió el motor y comenzó a maniobrar para salir tras su patrón. Tatán se apuró en tomar la radio y llamar a portería.

– Pájaro verde, ¿me copia? Cambio.

– Lo copio, jote negro. Cambio.

– No deje salir ningún vehículo del recinto, cambio.

– Copiado, cambio y fuera.

Tatán caminó tranquilamente a portería. En el trayecto dejó la actitud de estudiante bobo y se convirtió en un patrón de fundo Donosiano. El chofer lo miró con una mueca que combinaba la vergüenza más simple y el terror más profundo.

– No me quieren dejar salir. Tengo que ir con mi patrón.

– Pero como te vai a ir con mis frutas, pues hombre. Le compré las dos cajas a tu patrón. Estaba esperando que me las bajaras cuando te fuiste. Por eso les dije que te pararan.

Ahora la vergüenza y el terror se habían transformado en pura sorpresa.

– ¿De verdad se las compró?

– Claro. ¿Por qué te mentiría?

Más tranquilo, el chofer se bajó y descargó las dos cajas en la portería. Antes de perderse en la carretera, aventuró una despedida comercial.

– Gracias por la compra, don Sebastián.

– De nada, vuelvan cuando quieran.

Tatán sonrió satisfecho sintiendo un dulzor anticipado en la boca. La venganza tenía el dulzor de un plato grande de papayas al jugo.

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4 comentarios »

  1. muy buena! seguro que me acuerdo la prox. vez que compre papayas… claro que no en caja.
    leticia.

    Comentario por leticia mery — Lunes, 7 mayo 2007 @ 10:44 pm | Responder

  2. Jajaja,.

    Clap, clap.. muy buena historia. Ingeniosa y realmente el diablo sabe más por viejo que por estafador.

    Comentario por Parrao — Martes, 8 mayo 2007 @ 9:43 am | Responder

  3. jajaja TATAN Es un maestro! si Falabella contatara gerentes así pobre de los jeanzeros.

    Comentario por dunga — Jueves, 10 mayo 2007 @ 7:36 pm | Responder

  4. la más dulce de las venganzas….supongo que tu amigo y mi amigo Eduardo la habrá saboreado, claro que en silencio ya que no me dijo una palabra, creo que por no poder haberse vengado él mismo…

    Comentario por Daniela — Domingo, 20 mayo 2007 @ 10:02 am | Responder


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