El Escribidor.

Lunes, 17 septiembre 2007

La Fonda más triste de Chile.

Filed under: Posts de la vida.,Profesiones — Miguel A. Labarca D. @ 10:07 am

Tal cual.

Había decidido renunciar a mi bien remunerado trabajo para empezar mi propio negocio (idea discutible) y con mi socio Parrao se nos ocurrió partir “de a poco” (mala idea) e instalamos nuestra oficina en mi departamento (pésima idea).

En ese tiempo yo estaba tan soltero como un grifo. El departamento que arrendaba en calle Lota era ideal en casi todos los aspectos, salvo al dormir y cocinar. Me dormía tarde por el ruido de los borrachos recogiendo sus autos luego del carrete en el barrio Suecia y me despertaba temprano, con el ruido de las micros que pasaban rugiendo bajo mi ventana a partir de las seis de la mañana. En cuanto al cocinar, estoy seguro que el arquitecto que inventó las cocinas americanas, estoy seguro, nunca se tuvo que hacer un salmón a la plancha y luego, satisfecho, tratar de olvidarlo. Era una cocina para abstemios gastronómicos, cosa que nunca he sido. Así que mi departamento-oficina olía a una mezcla de todos los sabores y cocimientos del mundo que podía ser apetitosa o insoportable según tu estado de ánimo y disposición hacia las experiencias exóticas.

Me levantaba temprano, con las micros, me duchaba, comía, y trataba de escribir, religiosamente, durante una hora, la novela (o película, o serie, ya no recuerdo) que me haría famoso. Tipo nueve sonaba el citófono. El conserje, que seguía emocionado el desarrollo de nuestro emprendimiento, me comunicaba que mi socio ya había llegado. Parrao entraba haciendo algún comentario sobre mi cena del día anterior y se instalaba en su oficina, que era un rincón del living con un computador y una silla.

Al comienzo simplemente esperábamos. Parrao, responsable, sacaba unos enormes libracos y estudiaba action-script que, contra lo que puedan pensar los desinformados no es una técnica para escribir películas de Stalone, sino que un lenguaje para programar en Flash que, para los desinformados, no sólo es un super héroe veloz, sino también un software que Parrao, responsable, había cuidadosamente pirateado en todas sus versiones y extensiones y que, nosotros creíamos, cambiaría internet y el mundo para siempre (al final efectivamente lo hizo, pero no como nosotros creíamos, pero eso es otra historia). Yo, en mi oficina -un computador y una silla en mi dormitorio- me dedicaba a llamar a mis amigos, conocidos y ubicados para decirles que ahora tenía una empresa de diseño, multimedia e internet, que estábamos listos para trabajar y que no, que Flash no era sólo un super héroe.

Con la primavera llegaron los primeros desprevenidos clientes. El primer trabajo fue para 3M, la enorme empresa gringa que se dedica a todo y a nada al mismo tiempo. En las facultades de negocios existe la leyenda de que todos los funcionarios de 3M dedicaban, por ley, un tercio de su tiempo a “ser creativos”. Incluso había quién decía que de ahí venía el nombre, que una de las emes era la creatividad. Cuando fui a las primeras reuniones, estaba listo para que en cualquier momento sonara un timbre, la gente se arremangara las camisas y todos se pusieran creativos. Me imaginaba a los ingenieros de la división minería: uno haciendo una naturaleza (con pinturas 3M) otro esculpiendo (con taladros 3M) y el tercero haciendo una especie de collage (con post-its 3M). Era indudable que una empresa de tantos rubros permitía una creatividad ilimitada.
Aquello nunca pasó, pero lo que si debo admitir es que todos eran muy simpáticos y relajados. La actitud era como “para qué estresarse, hacemos tantas cosas que alguna vamos a terminar vendiendo”. Nuestro trabajo para ellos, de hecho, fue en extremo creativo. Mezclamos fotos, videos, CDs, internet y “creatividad” para promocionar un producto que nunca entendimos para que servía (era algo para la industria minera). En cualquier caso, ellos quedaron felices. O debo decir, siguieron felices, porque eran todos felices en esa creativa tierra de Oz. Y ese, en el fondo, era nuestro mayor premio, decía Parrao. “La empresa, el trabajo, el flash, las ganancias, son importantes, pero secundarias”, decía. “En el fondo, bien en el fondo, Gómez, nosotros somos artistas, vivimos para el aplauso del público”.

Nuestros segundos clientes fueron más difíciles. Una gigantesca empresa de informática en la que mi socio había trabajado. Necesitaban hacer una presentación de un sistema informático que ni ellos entendían bien. Y querían hacer la presentación interconectando dos computadores. El presentador tocaba una campanita en computador A y llegaban los bomberos en computador B. No era un trabajo para una empresa de diseño, no era un trabajo para un publicista y un escribidor. Debimos apartarnos, debimos negarnos, debimos huir a perdernos. Pero no lo hicimos. ¿Quien puede decirle que no a su segundo cliente, sobretodo luego de tantos aplausos del primero?

Así que nos encerramos en mi departamento. Comenzaba el fin de semana largo de fiestas patrias y debíamos entregar el trabajo el primer día hábil después de las fiestas (mala, pésima idea). El primer día, Parrao llegó con dos banderitas chilenas, de estas que venden en los semáforos y se pegan con un chupón a un vidrio. Las pegó a mi afiche de Pink Floyd y dio por inaugurada “la fonda más triste de Chile”. Y fue un visionario. Durante el día comíamos empanadas frente al computador, poníamos cuecas y luchábamos con el action script para que los malditos computadores conversaran. Pero había un abismo de incomunicación entre su oficina y la mía, entre el living y mi dormitorio. Los computadores nunca conversaban y si conversaban, nunca como debían, así que vuelta a revisar el código, vuelta a rehacer la programación en Flash. Usar Flash para ese trabajo -nos dimos cuenta muy tarde- fue como usar paint para llevar la contabilidad de una empresa. Una locura. Pero no podíamos hacer nada, no sabíamos otra forma y todos los programadores que podrían habernos ayudado estaban borrachos, bailando cueca o fuera de Santiago.

En las noches Parrao volvía a su casa caminando. Rara vez pasaba un taxi y él tampoco quería gastar. Estaba recién casado y no tenía un trabajo estable (pésima, muy mala idea). Yo seguía trabajando hasta que me vencía el sueño.

La noche del 19 nos dimos cuenta que había alguna esperanza de lograrlo. Encontramos el camino e hicimos el último agotado esfuerzo. Pero nuestra fonda estaba condenada, si no a la tristeza absoluta, por lo menos a la desesperación total. A las once de la noche, una gran camioneta estacionada frente a mi ventana comenzó a tocar la bocina. Era una de esas alarmas antiguas que no se detienen hasta que el dueño llega a desconectarlas. Y el dueño, bailando y tomando a varias cuadras de distancia, no la escucharía hasta volver. Trabajamos seis largas horas con una bocina retumbando en el cerebro cada cinco segundos. Cada media hora me asomaba al balcón a mirar la destartalada camioneta verde que se reía de nuestra desgracia sin perder el ritmo. Parrao se volvió a su casa a las cinco de la mañana con el trabajo casi terminado. Yo salí a despedirlo con media docena de huevos en las manos. Me sentía como si hubiese viajado a Tokio ida y vuelta en clase turista. Quedaban cinco horas para nuestra presentación y mi cruel destino me negaba el descanso. Esperé que Parrao se alejara para realizar mi ritual de psicomagia. Cada uno de los huevos que estrellé contra el parabrisas de la camioneta chilladora representaba una mala decisión de los últimos meses. Lancé el último y escuché aplausos. Era el conserje, agotado, pero feliz. “Alguien tenía que hacerlo, joven”, me dijo aprobando mi acción de arte “esa camioneta me ha desvelado toda la noche”. Esbocé algo como una sonrisa y subí a acostarme un poco menos triste. Somos artistas, pensé.

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11 comentarios »

  1. Extraordinario post. Lo mejor de los últimos meses. Sigue así.

    Comentario por Uninvited villian — Lunes, 17 septiembre 2007 @ 2:55 pm | Responder

  2. Ojala que este 18 te haya tocado mas zapateado. El mio ha estado bueno, vengo llegando. Aca llegue de rebote por tu comentario de la Ruizton.. me gustaria ir a eso. Supongo que Parrao estara en las fondas del mampato… es que con guagua cambia la cosa. Saludos para él si pasa a leer por acá.
    p.d. me reí mucho: mala la fonda… pero bueno el texto!

    Comentario por L Mery — Martes, 18 septiembre 2007 @ 10:23 pm | Responder

  3. escuche que habias vuelto a escribir… veo un excelente post… sera verdad o solo una tarde aburrida de un 18 en santiago?

    Comentario por dunga — Miércoles, 19 septiembre 2007 @ 11:57 pm | Responder

  4. Tan fea te parecio la fonda?, para alguien que segun vos solo disfruta de los malls, fue muy lindo pasar el mediodia de fonda!!!!!
    Saludos tras la cordillera

    Comentario por Marce tras la cordillera — Jueves, 20 septiembre 2007 @ 10:58 pm | Responder

  5. @villain: coincido contigo. El mejor post en meses. Excelente.
    Si fuera Batman, esto sería como “Año uno”. Muy bueno.
    Saludos

    Comentario por Raveau — Viernes, 21 septiembre 2007 @ 11:46 am | Responder

  6. Te recuerdo que ya nos conocíamos y éramos pololos, solo que esa noche por trabajo no pudiste ir conmigo a la Yein Fonda con mis amigos.

    Finalmente terminé bailando con Pedro Peirano y hablando de Chancho Cero. Al despedirnos se me aceró Alvaro Díaz a darme el mail de Peirano, porque dijo que era muy tímido como para pedir mis datos…

    Casi pase a ser parte del Jet Set Criollo… pero yo sabía que mi destino se encontraba en la fonda más triste de Chile.

    Andrea

    Comentario por Andrea — Jueves, 4 octubre 2007 @ 11:31 pm | Responder

  7. Me acompañaste un ratito sin saberlo, creo que para los que estamos de este lado es como el rol que cumplia un pucho antes de cerrar el dia, me encanto leer un poco de ti. Saludos. Ale

    Comentario por Ale — Lunes, 8 octubre 2007 @ 10:11 pm | Responder

  8. ¿Cuándo vai a escribir? Este es el “blog más abandonado del mundo”.

    Comentario por Uninvited villian — Lunes, 15 octubre 2007 @ 9:42 am | Responder

  9. Cómo sigue?

    Comentario por $ — Miércoles, 24 octubre 2007 @ 2:29 pm | Responder

  10. Ordenando un poco por ahi me encontre una foto re divertida de hace unos 20 años, polerita rayada, unos 30 kilos, patitas flaaaaaacas. Tiempos aquellos en que ni pensabas llamarte Mitch (insisto que eso me da mucha-muchisima risa) pero en los que ya hacias esos guiones de trabajo de colegio, con una camara VHS mas grande que tu, jaja, y en que nos hacias hacer el loco a todos. Alguien tiene copia de eso? (Pregunto por los videos hechos en la casa de CB).A ver si en la prox. pasada tienes alguna cosita pare leer. Ah! te voy a guardar la foto.

    Comentario por L Mery — Jueves, 25 octubre 2007 @ 10:19 pm | Responder

  11. aaaaaaaahhh asi que fuiste tú el que me llenó de huevos la camioneta de mi abuelo!!!… jajajaja (broma) MUY BUEN POST!

    Comentario por Nico — Miércoles, 27 mayo 2009 @ 10:58 pm | Responder


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