El Escribidor.

Viernes, 28 octubre 2005

Edificios Imposibles.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 10:27 am

El rincón favorito de mi nuevo departamento es una mesa pequeña en un rincón con ventanas que dan al poniente. Se ve el San Cristóbal y un trozo de una ciudad SUBvalorada, pero que a veces es verde y amable.
Hay una linea de Play -meritoria, pero SOBREvalorada película chilena- en que un Santiaguino le dice a una chica que viene llegando del sur que le encantaría vivir en el campo, porque es lindo y hay hartos árboles. "Acá también hay árboles," contesta ella secamente. Y es verdad. Hay muchísimos, sólo que no los vemos. En pleno centro; el paseo Ahumada está lleno de árboles. Grandes árboles que son olímpicamente ignorados; casi invisibles.
Por mi ventana, además de árboles, veo edificios. Muchísimos; de departamentos todos. Y al verlos amontonados al atardecer, un escalofrío de extrañeza y maravilla me recorre la espalda. Es imposible -pienso- que en esas estructuras de cemento realmente VIVAN PERSONAS. Me abstraigo de la costumbre y el arriendo y la llave que abre la puerta todos los días y me imagino a mi mismo, escribiendo ésto, a muchos metros del suelo; en un cubo de aire al que aceptamos llamar hogar. Miro por la ventana plagiando las famosas posibilidades de la abstracción. Abstraigo los edificios imposibles y veo mucha gente en el aire, viviendo en cubos invisibles y recortándose en figuritas animadas contra el color del atardecer. Es maravilloso pero inútil. Mejor cierro el laptop y me voy a lavar los platos.

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Jueves, 27 octubre 2005

Pop to Go.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 3:07 pm

Anoche fuimos con Andrea al lanzamiento de un disco pop. "Diamante Romeo" es el nombre de disco y GO, el flamante artista. No es el tipo de eventos que Mitch Gómez frecuente. No por falta de interés ni perjuicios de ningún tipo. La razón es más simple: casi nunca me invitan.
En éste caso había una justificación. Hace algunas semanas trabajé en la producción de un video clip para GO. Bruno, un eficiente productor Valdiviano se ganó el proyecto un Jueves y el video se filmó un Domingo en un estudio en Ñuñoa. El director fue Inti Briones, un capísimo director de fotografía chileno-peruano arrancado de un rincón de la carátula del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Pero tanto Inti como Bruno dan para posts completos, así que los guardaremos en la manga para futuras entregas.
El lanzamiento fue en el teatro del Coco Legrand, en Providencia, que ya no tiene butacas, sino lindas mesitas redondas. Así que fue bueno llegar, como de costumbre, pernamente a la hora. Pudimos sentarnos a tomar vino y comer bocadillos hasta que comenzó el show. Una hora y media después estaba todo llenísimo y nuestra coqueta mesita era un oasis de comodidad entre gente parada y sentada en los desniveles. La parafernalia arrancó con la aplaudida proyección del video clip. Sobre un fondo negro, Go canta y la gente se besa. Andrea no había visto el video, pero le gustó mucho. Mientras, yo resaltaba orgulloso mis aportes a la producción: "fíjate, esa lámpara la fui a arrendar yo" o "esa pared estaba manchada y yo la barrí" o incluso: "a ese actor le serví un pedazo de pizza". Es que lo maravilloso del cine es que el aporte de cada miembro del equipo es insustituíble.
Luego salió GO y apareció la banda. Tocaron ocho temas. Una especie de pop-soul-hip-hop-funky-romántico.
"Es como Boyz II Man," dijo Andrea con su oído privilegiado. "Les puede ir bien."
Arriba del escenario, GO, que en realidad es Gonzalo, conservaba la maravillada candidez que había demostrado durante la grabación del video. Más allá del pelo al rape, los tatuajes y la ropa negra, Go es un niño que parece disfrutar incrédulamente cada segundo de su reciente vida de artista. Ojalá que le dure.
En cuanto a la banda, la apariencia era bastante chilena, pero la actitud y la cadencia era negra, en el sentido afroamericano del término. Hasta subió un MC y rapeó algunas líneas en una de las canciones. Todo domesticado, obviamente. Al final, eso es el pop. El arte de domesticar y ablandar tendencias. Masticar un dinosaurio y deglutir una lagartija masiva y tarareable. Si Jackson subía a Slash al escenario, por qué Go no puede hacer lo mismo con sus amigos de pantalones anchos. Podrá molestarle a algunos, pero no a los amigos del buen Go, felices de secundarlo en sus rítmicos romanticismos.

Miércoles, 26 octubre 2005

Contabilidad y Paisajismo

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 10:12 am

Casi todas las Pymes contratan un contador y el nuestro es un personaje. Sus otros clientes son constructoras, comercios y oficinas de arquitectos, así que las visitas a nuestra empresa son sus vacaciones. Aunque llevamos como tres años, no logra entender exactamente qué es lo que hacemos. Sobre nuestros hombros, en las pantallas de los computadores, se asoma y ve animaciones en flash, ventanas de video y borraodres de guiones. Entonces sonríe, menea la cabeza y afirma divertido: "su trabajo es un juego".
Luego nos sentamos e intercambiamos boletas, facturas y libros de ventas. Deprimido, yo firmo papeles y variados cheques. A él no se le va la sonrisa de la cara. Se solaza en nuestras miserias contables. Acomodándose en el respaldo, mira cada tanto por la ventana y, apuntando hacia la calle, nos pregunta: "¿Saben qué árbol es ese?" Mi socio y yo meneamos la cabeza. "Es un Acer Japónico," dice sonriendo. "Y ese de más atrás es un Olmo de Hoja Corta".
Un día le preguntamos por qué diablos conocía todos y cada uno de los árboles de la calle. Nos confesó que no nos había querido contar, pero paralelamente a su trabajo, estaba estudiando paisajismo. Su lógica para explicarlo fue clara e irrebatible como un asiento contable: pronto las Pymes harían todo por Internet y no necesitarían contadores. Pero los jardines permanecerán inmunes a reglamentos, reparticiones púbicas e innovaciones tecnológicas.
Aunque, pienso yo, la explicación es otra. Probablemente, cuando llevas seis horas cuadrando números ajenos, el único escape posible es mirar un momento por la ventana. Y al mirar por milésima vez el mismo trozo de calle debe ser imposible no preguntarse: "¿Cómo diáblos se llamará ese árbol de allá afuera?"

Martes, 25 octubre 2005

“La Caída”

Filed under: Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 10:24 am

La Caída, mega producción Alemana sobre los últimos días de Hitler y su séquito, me pareció buena y mala: buena como documento histórico para flojos (como el que escribe), pero mala como película de ficción, mala en su drama… porque bueno, como trataré de explicar, no se atreve a ser realmente ficción ni drama.
Lo más comodo hubiese sido hacer una caricatura: nazistas malos-malos/guerra infernal/pueblo alemán inocente/aliados macanudos y salvadores. La película trata, por suerte, de eludir éste primer bache (aunque tratar no es lo mismo que lograr). Porque para decir que la guerra es horrible y que matar millones de personas es malo, los alemanes no necesitaban hacer su propia película, bastaba con que fueran al video club y arrendaran una de las buenas, regulares o malas que podemos encontrar desde los tiempos del Errols.
Ahora, la opción para evitar la caricatura es, en éste caso, lo que hace la película más intersante como didáctica clase de historia, pero lo que la hace caer irremediablemente como película: ésto es, tratar de mantener, en todo momento, la objetividad y el rigor histórico. El comienzo es prometedor, pero hace una promesa que no cumple: un grupo de jóvenes y anónimas alemancitas llegan a un bunker para entrevistarse con Hitler buscando ser su nueva secretaria. Hitler hace un dictado y nuestra protagonista, aterrada y emocionada, trata de tipear sin cometer errores. Entonces uno piensa: esto será genial. Veré la caída del Raich sin salir del bunker y conoceré a Hitler en persona a través de los ojos de ésta inocente secretaria que ahora lo admira, pero que luego, al conocerlo, se enfrentará cara a cara con el demonio… o tal vez descubrirá que el demonio no es el demonio sino un ángel con malas ideas… pero las pinzas, la película magistral prometida se transforma, en la segunda secuencia en más de lo mismo: otra -correcta, documentada y bien actuada- película de guerra más. Segunda secuencia: caen bombas por todos lados, edificios rotos, soldados corriendo. Un cartel nos informa que han pasado dos años y medio desde que llegó la secretaria (dos años y medio que podrían haber sido LA PELÍCULA). A la tercera secuencia Hitler ya está gritando como enajenado, apartado de la realidad, combinando la amabilidad en privado con la ira y la locura cuando putea a sus sudorosos generales, esquema que veremos repetirse, con creciente énfasis, durante toda la película. Entremedio, muchos, pero muchos personajes secundarios, la mayoría históricos, pero también "anónimos y sufrientes ciudadanos." El punto de interés salta de un lado a otro sin quedarse en ninguno.
Al final, muchas bombas, muertos e historias paralelas después, uno se queda con la sensación de que aprendió bastante sobre un pasaje de historia alemana, pero que el mismo resultado, mejor, y más barato, lo hubiesen logrado con un buen documental basado en las mismas fuentes. En cuanto a progresión dramática, emoción o respuesta a las preguntas fundamentales (¿por qué el tipo era tan malo? ¿cómo logró que lo siguieran? ¿qué tan culpables (o víctimas) fueron sus seguidores?) la película aporta poquito. El interés se diluye al diluir el punto de vista en muchos frentes y las preguntas tienen respuestas más o menos esperables: Hitler estaba loco y se fue poniendo aún peor, lo seguían porque estaban más locos que él o porque le tenían miedo y la tercera pregunta… sin respuesta. Al final, la película cierra con un testimonio, documental, de la secretaria que podría haber sido protagonista. Mirando a la cámara reflexiona sobre la culpa. No suena convincente ni emocionada, pero el tema es tan grande y terrible que, al final, igual es interesante verla… Pasa lo mismo con la película.

Lunes, 24 octubre 2005

En el dormitorio.

Filed under: Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 9:51 am

El Viernes compré "In the Bedroom" (En el Dormitorio) a un suplementero. Se supone que era una promoción de El Mercurio, pero el tipo me dijo que para qué le iba a comprar El Mercurio; que me la vendía así no más. Que me han dicho, compré dos películas (ya hablaré de la otra) y disfruté de la superioridad moral de tener, alguna vez, una película original. Costó $3.490 y el Domingo confirmé que valía cada uno de sus pesos.
"In the Bedroom" es una película del 2001 ambientada en un pueblito rodeado de bosques en Nueva Inglaterra. La historia es simple, pero perfecta en cada uno de sus detalles. Es de esa casta de películas que, siendo buenísimas, pasan casi desapercibidas: director cuasi desconocido, ningún "actor gancho", historia sin aspavientos y cero parafernalia visual. El tipo de películas que podríamos perfectamente hacer en Chile. De hecho, viendo esa locación con lagos, bosques, pueblo chico y calles húmedas, pensé que la historia hubiese funcionado perfecto en Puerto Montt o Puerto Varas. Sería cosa de cambiar las langostas por salmones. Y de tener un director capaz de enfrentar una historia así de tremenda con ese grado de sobriedad y realismo.
Es asombrosa la capacidad de la película para hacerte SENTIR como REALES cosas que, a fuerza de ver miles de veces en miles de malas películas, parecían habernos perdido su capacidad de conmovernos o asombrarnos.Si no la han visto, dejen de leer, vayan a un kiosco cercano, cómprenla y véanla. Si la vieron, están autorizados para seguir leyendo.

A pesar de su simpleza temática, como bien apuntó mi amigo Guzmán hace unos días, hay algo que decir en cuanto a la estructura de la historia. (Insisto, no sigan leyendo si no la han visto.) Si tuvieramos que resumir, podríamos decir que la historia trata sobre la venganza de un padre al que le matan un hijo. Y si, como guionistas, nos encargaran contar esa historia, lo lógico, la receta, la eficiencia, el requerimiento de nuestros expertos jefes, sería situar el "inciting incident", es decir, la muerte del hijo, bien al comienzo de la historia. En cambio, lo que hacen los guionistas en éste caso, es colocar el asesinato en el primer tercio, como final del primer acto. Con menos maestría podrían haberla cagado, pero en este caso la demora logra tres efectos positivos para la historia:
1) En primer lugar, tenemos tiempo de meternos en la atmósfera del pueblo y en la psicología de los personajes. La sensación de "realidad" de la película, se puede explicar, en parte, por ésta demora.
2) En segundo término, la sorpresa (el conocido efecto "Psyco".) La puesta en escena de la primera parte nos sugiere una película centrada en relaciones y conflictos familiares, no la historia de sangre que nos prepararíamos para ver si la historia partiera con un asesinato. Cuando el crimen ocurre, la sorpresa es superior.
3) La muerte del hijo deja al espectador huérfano y desconcertado al privarlo, de improviso, de uno de los protagonistas de la historia. El desconcierto, la incertidumbre, el vacío, la estupidez y gratuidad de la muerte son sensaciones que, gracias a ésta "orfandad de protagonista", el espectador comparte con los padres.
Todo lo anterior, sumado a una puesta en escena clásica (en el sentido de "invisible"), un trabajo magistral de actores y, no olvidar, una gran banda sonora, nos dejan con un resultado simple, pero inmejorable: una buena historia muy bien contada.

Viernes, 21 octubre 2005

Escribir para nadie.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 5:10 pm

Era algo así como que entraba a la cocina, encontraba a Domitila y le preguntaba: Domitila, qué haces tú cuando quieres contar algo, pero no puedes contarlo?
-Escribo una carta- contestaba Domitila.
-Pero qué pasa si lo que quieres contar no se lo puedes escribir a nadie?
-Entonces, escríbaselo a nadie -contestaba la siempre sabia Domitila.

Y eso es exactamente lo que hoy, Viernes 21 de Octubre 2005 17:19 comienzo a hacer.

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