El Escribidor.

Lunes, 9 junio 2008

Murió Samir.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 8:56 pm
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El viernes pasado murió Samir Nazal. Hacía meses que no lo veía. La vida es muy rápida para estar con los vivos. Pero los muertos quedan. Me paré atrás, con los amigos lejanos. Cerca, los de siempre, los incondicionales. Más cerca, los nuevitos, flacos, ilusionados, llorosos. Como yo hace doce años, cuando pensaba que la literatura podía salvarte, hacerte mejor persona; cuando conocí a Samir. Ahora sé, como Samir siempre lo supo, que con o sin literatura, uno termina igual en un cajón. Pero por la duda y por mientras, bien podemos escribir y leer. Guardemos libros sin sacudir el polvo. Hace un par de años, con Ritch Guzmán sacamos a Samir de su casa y le hicimos aseo. Sacamos capas geológicas de humo de cigarro materializado. Y cientos de miles de papeles que se deshacían al tocarlos y se agrietaban al mirarlos. Y como no teníamos tiempo para más, los tiramos todos dentro de unos inmensos cajones de plástico transparentes que compramos en el Home Center. Un Tuperware faraónico lleno de poesía inédita.

La novela de Samir fue su vida. Y todos nosotros sus borradores, escuchas y borrones. Samir que me inventó New York y varios hijos; Samir que despertó en Buenos Aires en pelota en un closet lleno de gente en pelotaí; Samir que compartió una clase con Cortázar y una ida al teatro con la Bardot; Samir que levitó en su primera comunión; Samir que recuerda una inundación en un pueblo sin río. Samir que alguna vez creyó que yo escribiría algo que valiera la pena.

Samir nunca se hizo ilusiones. Hablaba de la muerte, la sentía y la esperaba. En una ocasión me dijo que cualquier obra literaria que no tocara el tema de la mortalidad le parecía una leserita liviana y una soberana lata. Me encantaba como Samir decía “soberana lata”. Le salía del alma.

Quiero escribirle un cuento a Samir, pero no ahora. Acá va un poema que una vez lo obligamos a leernos. Lo leyeron en su funeral y fue terrible. Samir odiaría verlo publicado en un blog, pero qué diablos. Todos seremos un lugar común después de muertos.

La gente que va sola, duerme sola;
el silencio se solaza con ella.
A su casa llega sola: no enciende luces.
La sombra osa abrazarla: vecina, se aproxima,
sigilosa: sienta sus blandos huesos
sobre el sofá y rebulle sus rodillas
contra la carne sola. Cruza las manos
la gente sola y accede a su promiscua
sonrisa. A veces, suspira o espectora
brutalmente. Alza la mano remisa
hacia eso.
El óleo consagrado de la calle
–consortes espectrales– pluraliza la espera.
Se esfuma el rostro en el espejo, híbrido,
acaso surge. Los retratos acechan
un asequible turno de perfumes.
Refugian los sueños: reflejan flecos,
borlas, tapices, cortinas, balcones,
enredaderas, el esbelto cenit.
La espalda de la gente sola es rugosa.
Ancha, comba, recelosa. Muy dura al tacto.
La gente sola no muere, queda sola.

Samir Nazal

Y acá va un poema que le escribió hace años mi amigo Ritch Guzmán. Hay que decir que Ritch me presentó a Samir, y que Ritch lo quiso y lo ayudó mucho más que yo. Pero hay que decir también que yo era el preferido y eso Ritch no podía entenderlo. Era como una historia bíblica en su moral injusta. Ritch cocinaba las lentejas, pero yo me vestía con piel de cabrito y Samir me daba la primogenitura. Así que Ritch escribió esto y Samir lo tuvo que amar a la fuerza.

A LA FUERZA

Amarás estos versos, aunque sea a la fuerza,
te veré amamantarlos con arcadas, con muecas,
como una madre asqueada con sus hijos horribles,
has de amarlos, pues yo te los dedico, cual piedras.

Ya verás, cuando crezcan estos versos perversos,
se retuerzan, se hinchen y te saquen de quicio
y arrancarte los ojos de las cuencas rehúsen
y no tengas más vuelta que cegarte tú mismo
y arrastrándote a tientas por el cieno me busques
y me encuentres llorando en el lugar más absurdo
—funeral o bautizo o lanzamiento de libro—
y dándome las gracias con rencor, me acuchilles
con la cara de lata de dios haciendo el mundo.

Ricardo Guzmán

Más sobre Samir y nosotros.

Viernes, 21 marzo 2008

MAC-MULA

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 4:24 pm
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Mac Online pasa gato por liebre.

Nunca he sido un chico Mac, más bien todo lo contrario. Encuentro que Apple vende elitismo, elegancia y diferenciación en un mercado en el que una de las gracias es que las cosas pueden ser horizontales, accesibles y las diferencias pueden darse más bien por gustos y grados de conocimiento de los usuarios que por la disposición a pagar por juguetes caros. Si me muevo en un ambiente PC y quiero lucirme con mi computador, debo saber lo que estoy comprando o armando. En un mundo mac, solo debo tener más plata en la billetera. Es cierto que los computadores son bonitos y que en general funcionan bien -aunque es una falsedad absoluta eso de que no se quedan pegados, pero por favor, cuando comparen, metan el factor precio en el medio. Decir que MAC es mejor que PC comparando un G5 de tres millones de pesos con el PC de 350 lucas comprado en Falabella es insostenible.

En cualquier caso, este no es un blog tecnológico y no voy a convencer a nadie. Un día Jorge, un amigo que entiende muchísimo más que yo de todo ésto desarmó mi argumento diciéndome que era fácil hablar de PCs baratos y accesibles para todo en un ambiente en el que todos piratean. “Cómprate el windows original, cómprate Office y después hablamos, me dijo. Touché. Pero bueno, los usuarios de PC no somos los únicos ladrones. Lean esto.

Hace unos días, en la productora decidimos que teníamos que comprar un laptop. Como era de esperarse, mis argumentos pro-PC chocaron contra el muro del fundamentalismo de mis jefes. Digamos que me lo explicaron con manzanas. El computador tenía que ser MAC.

Decidimos que la mejor opción era un MacBook E062. Lindo computador, debo decirlo. Blanquito, procesador de 2,2 Ghz, 120 GB de disco duro, quemador de DVDs. Y como no queríamos comprar usado y queríamos comprar en un lugar que nos diera la seguridad, garantía y respaldo, fuimos a comprarlo a MAC-ONLINE, en el Parque Arauco. Sí, esa tienda enorme que parece la nave de 2001 o una galería de arte en lugar de una tienda de computadores. Esa misma. Pero las apariencias engañan, comprar en el persa hubiese sido más confiable.

Compré el computador que queríamos y lo llevé a la oficina. No lo tenían en la tienda de Parque Arauco, así que tuve que manejar hasta la sucursal de Kennedy, frente al Alto Las Condes. También espacial y cibertrónica. Venía embalado que da gusto. Hasta los plumavits protectores de un MAC tienen más estilo que uno. Se lo pasamos a Diego y empezó a trabajar. A media tarde me llamaron de la productora a la casa. El computador no tenía quemador de DVDs. Y no sólo eso, tenía 80 GB de disco duro en lugar de 120 GB. Y procesador de 2 Ghz en lugar de 2.2 Ghz.

Revisando las especificaciones, descubrimos que nos habían pasado un MB 061 en lugar de un MB 062 y como los MACs tienen demasiado estilo como para tener el modelo anotado en el exterior, el error sólo podía distinguirse entrando a las características del computador. ¿Error de despacho? Eso pensamos. Pero lo pensamos de nuevo al ver la caja en la que compramos el MAC. La caja era de un MB 062, número de serie W8743Y9DZ63 y el computador era un MB 061 número de serie WQ743QF7Z62. O sea, gato por liebre. Un computador 150 mil pesos más barato en caja de un computador más caro… imposible de distinguir a simple vista.

Enojadísimos, reclamamos a la tienda. La respuesta del gerente, Mariano Lozano fue esperadamente insatisfactoria. “Vayan a la tienda y se los cambiamos, no hay problema.” Le preguntamos si nos iba a dar alguna compensación por la molestia y Mariano se negó rotundamente. “Es un problema en Estados Unidos, de despacho,” nos dijo. Steve Jobs debe haberse atorado con su lechuga hidropónica en ese mismo instante en Silicon Valley.

No sé si están de acuerdo conmigo, pero yo creo que si vendes un producto inferior al precio de uno superior y tú única respuesta, si y sólo si el comprador se da cuenta del engaño, es cambiarlo por el producto que en primer lugar debieses haber entregado ahí SI HAY UN PROBLEMA. Basta que la probabilidad de que el comprador NO SE DE CUENTA sea mayor que cero para que, objetivamente, estés engañando a los compradores. Y para que el juego se empareje y las cosas vuelvan a ser justas, el costo de cometer ese “error” TIENE QUE SER mayor a cero.

Así que este post es para emparejar, aunque sea un poquito, las cosas. Ojalá mis amigos de google lo hagan aparecer bien arriba cuando alguien googlee MAC-ONLINE. Por teléfono, el señor Lozano me acusó de querer aprovecharme de las circunstancias cuando le pregunté que nos iba a dar por las molestias. Como yo lo veo es: si no quieres que un peatón te demande por daños, lo más fácil es que no lo atropelles. Sobretodo cuando va cruzando con verde. Y si quieren saber lo que es aprovecharse, lean el final de la historia.

Por más que alegué, me puse rojo y hasta putié, finalmente fui a cambiar el computador. El vendedor de la tienda (Lozano se escondió) me explicó que todas las cajas de los computadores se abrían al llegar a la aduana (lo que hace maravillosa la seguridad con la que me aseguraron que el error venía de estados unidos). En cualquier caso, a pesar de la rabia y las molestias, no hice nada. No llamé a linea directa, no escribí a MAC-USA, no puse una demanda en tribunales. Por la misma razón por la que muchas empresas pueden tener políticas tramposas rentables: porque a uno le da lata y flojera reclamar incansablemente como vieja jubilada. Al final hay pega, familia, señora, vida… otras prioridades. Y las políticas tramposas funcionan así. Me aprovecho del 99% de la gente que le da lata alegar y me preocupo del 1% problemático. Y aunque el 1% grite muy fuerte… qué mas da, es uno de cien.

¿Y qué me convierte en uno de esos cien? Lo que me contó Jiménez como cuatro días después de nuestro incidente. Una amiga de su polola compró un computador también en MAC-ONLINE. Enojado con la experiencia reciente, Jiménez le dijo que revisara. Y ella revisó y se dio cuenta que… le habían cambiado el computador por otro de menor valor. Llamó a la tienda y le dijeron: “venga a cambiarlo, no hay problema”. Pero si hay problema, uno grande.

Domingo, 27 enero 2008

Belén

El de arriba es el trailer de BELÉN, cortometraje de Bernardo Palau, amigo, mago y futuro comunicador audiovisual. Entiendo que este es su corto de egreso.

Cuando Palau me ofreció un papel en su corto, pensé obviamente que era un parte pequeña, como la que tuve en La Comiquería. Me empecé a dar cuenta que era un poco más cuando me citaron en dos locaciones dos días distintos.

La primera era en un café de Providencia. Tenía que hacer una escena en que me pateaban y en la que mi personaje reaccionaba, digamos… intensamente. Además de todo el café que derramé, algo gracioso fue que la gente de arte no tenía gel y mi pelo estaba más inflado y desordenado aún que de costumbre. La pobre vestuarista trataba de bajármelo con agua, cuando pasó frente al local un grupo de turistas franceses y se quedaron mirando. Partían a Torres del Paine en una hora, pero se detuvieron, interesados. Uno de ellos pidió un vaso de agua y azúcar y comenzó a domar mi pelo con un menjunje que hizo ahí mismo. Los otros explicaron que el tipo era algo así como el segundo mejor peluquero de París, dueño de una cadena se salones. Es lo lindo de los cortos, todos trabajan lo que tienen y felices (todos salvo algunos estudiantes de cine que hacen cortos, pero eso ya es otro tema).

La segunda locación fue una real consulta de psicólogo, en la que yo hacía de psicólogo. Ahí me di cuenta que lo mío era un secundario hecho y derecho. Era el último día de grabación. El equipo estaba agotado, el director trasnochado y para más remate, llegó un profe entremedio a desautorizar a todo el mundo y tratar de dirigir él. Pero salimos airosos, a pesar de todo… creo.

No tengo la objetividad para opinar del corto y no trataré de hacerlo. Sólo puedo sostener, sin temor a equivocarme que con mi poca experiencia frente a las cámaras, ya soy mucho más que un buen actor. Porque mientras los buenos actores actúan, yo sobre-actúo.

Miércoles, 9 enero 2008

Golpe de efecto.

Filed under: Posts de la vida.,Posts de Pelicula(s) — Miguel A. Labarca D. @ 7:36 pm
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Hoy fui a una conferencia sobre el marketing en el cine. Habló Ángel Carcavilla, Javier Sanfeliú con Matías Camus y finalmente Andrés Valdivia. Igual interesante por las experiencias de los involucrados que, estoy de acuerdo, eran voces autorizadas, pero eché de menos alguien con alguna idea realmente novedosa o sistematizando algo. Aunque estoy siendo injusto, Valdivia, trató de explicar y ser didáctico. El resto más bien fue interesante cuando contó sus experiencias y prescindible cuando trató de explicarlas. Bueno, es marketing, si quisiéramos algo riguroso iríamos a conferencias de astrofísica.

En fin, pero la conferencia no es el punto. El punto es aquello que pasó cuando Sanfeliú y Camus (asesores comunicacionales de Mirageman y Radio Corazón) exponían. En un momento relativamente fome de la exposición (tal vez intencionalmente fome) se paró un pelado del auditorio y comenzó a increpar a Sanfeliú. Le dijo que no tenía idea de lo que estaba hablando, que él y su equipo, desde sus trincheras de internet, habían hecho mucho más campañas y sabían mucho más de web 2.0 que todos los que estaban parados adelante. Era como un deudor habitacional de la web 2.0. El moderador trató de calmarlo. Dijo que las preguntas eran al final. Sanfeliú parecía confundido. Le pidió al pelado que explicara su pregunta. Valdivia trató de calmarlo haciéndole la pata: le dijo que leía su página y era muy buena (www.porlaputa.com).

Pero el pelado, lejos de tranquilizarse se sulfuró más. Cruzó el Aula Magna de la Pontificia Universidad Católica increpando a los expositores. El público expectante. Algunos gritos de apoyo, otros de censura. Y yo realmente pensé que el pelado los iba a agarrar a todos a combos porque ya estaba casi encima del estrado.

En ese momento vimos algo azul atravesar el pasillo. En un segundo había golpeado al pelado en la cabeza y se lo echaba al hombro en medio de los aplausos del honorable. Era Mirageman. ¿Querían Marketing viral? In your face, nos dijeron. Realmente notable.

Todo lo ocurrido fue grabado en directo y, según ellos, fue subido a youtube. Me acabo de meter y no encontré nada. No sé si por torpeza mía o de ellos. En cualquier caso, les dejo algunos otros videos de Mirageman, un héroe de carne y hueso, como usted o como yo.

ACTUALIZACIÓN 10 de ENERO: Parece que era torpeza mía. Acá está el video que siemprelisto Maza encontró y linkeó desde su página.

Y acá Mirageman en tiempo de Teletón.

Y acá contra Varni.

Y acá el trailer… ¡quiero puro verla!

Domingo, 6 enero 2008

Croma

Propósito blogger de año nuevo: escribir más en mi blog. Me parece difícil creer que cuando partí escribía todos los días. Ahora con suerte una vez al mes. Trataré de retomar, aunque sea más rápido, sin fotos y sin final redondo.

Mañana haremos algunas retomas de “Ilusiones Ópticas”, la película de Cristián Jiménez rodada en Valdivia en septiembre pasado y que puso mi nombre en IMDB. Serán todas en un estudio acá en Santiago contra un fondo verde: el croma. A lo ILM, esperamos grabar objetos que después insertaremos computacionalmente en la película verdadera. Es bonito terminar haciendo algo así en una película llamada Ilusiones Ópticas. Tiene metáfora y arco, como diría Hermes.

En la vida debiéramos poder arreglar nuestros errores con croma. Cuando estuvimos en un lugar incorrecto o cuando no estuvimos en el lugar correcto. Ya han hecho películas de controles remotos que intervienen la realidad. Falta hacer una de cromas. Cuando salga alguna protagonizada por Ben Stiller o Steve Carell, pueden decir que lo leyeron primero acá.

Lunes, 26 noviembre 2007

¿Qué pensarán de Calle 13 en Japón?

Filed under: Posts de la vida.,Posts Linkeados. — Miguel A. Labarca D. @ 5:41 pm
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Desde pequeño que tengo la afición de abrazar causas impopulares. En el colegio debí soportar golpes y todo tipo de bulling sin publicidad debido a mi afición a decir lo que nadie quería escuchar. Incluso acuñé una frase: “sé que me voy a tirar mucha gente encima…” decía al comenzar la polémica. Y la reacción muchas veces era correspondiente y literal con la frase misma. Desde aquel tiempo descubrí que, dentro de la inmensa gama de causas impopulares posibles, mis preferidas son aquellas que parten siendo populares, pero de tan populares terminan siendo impopulares, como Los Rolling Stones, el Burger King, Martin Scorsesse o García Márquez.

El reggatón es un ejemplo paradigmático de estos últimos casos. Lo he visto suceder y pensaba guardar silencio, porque hay una correlación directa entre rebeldía y espinillas en la vida de los hombres. Pero ya no puedo seguir siendo cómplice de la injusticia. He leído demasiados blogs y escuchado demasiados comentarios estruendosos y apocalípticos, el fin de la música, vergüenza juvenil, mal gusto triunfante… por favor, un minuto de silencio, pido la palabra.

Me encanta el reggatón. Lo digo acá y lo digo ahora, dando la cara, de frente al país, fuera del closet, orgulloso. El reggatón es la última joya reluciente el vertedero de la música desechable mundial. Es, obviamente, injusto compararlo con música más “seria”, como hacen muchos rockeros intransigentes; el Rock (que en su momento también fue tildado de basura, perversión y no-música, pero ahora está cada vez más viejo, acomodado y selecto, como el jazz antes que él).

Me da risa escuchar a los nostálgicos de tiempos mejores… ¿olvidaron a Rick Astley, a los New Kids, a MC Hammer, al Axé, la lambada y un largo etcétera? El reggatón debe compararse con sus iguales, con ritmos populares, pegajosos y transpirados frente a los cuales sale, casi siempre violenta y cochinamente bien parado.

No solo de ciervo, trufas y waygú se alimenta el gourmand. Hay que saber disfrutar una marraqueta con queso chanco. Y un buen whopper, por supuesto.

Dicho lo anterior, debo hacer un disclaimer. Aunque sea buena onda y tenga cara de niño bueno, Daddy Yankee no es el rey. Los mejores son “Residente Calle 13”. Igual de machistas , sexistas y políticamente incorrectos que el resto, los residentes tienen características únicas en el género: sentido del humor, buenas letras, color local y personalidad. Y esto último, como decía Jules Winnfield… goes a long way.

Para muestra un botón. “¿Qué pensarán de nosotros en Japón?” (el video no es oficial pero merece serlo).

Jueves, 1 noviembre 2007

Las probabilidades no sirven para nada.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 11:47 am
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Oaxaca.

Dentro de mi digno, en ocasiones honroso, paso por la universidad, hay una rama del conocimiento a la que nunca pude acceder realmente. Pero no fue falta de voluntad. Fue el puro azar.

El semestre en el que había que tomar Probabilidades decidieron adelantar el horario de inicio de clases en el Campus San Joaquín. El primer módulo comenzaría a las ocho en punto. Para evitar el taco, dijeron. Pero yo no tenía la culpa del taco. Yo llegaba al campus a dedo. Desde la casa de mis papás en La Reina hacía dedo hasta Vespucio. En La Reina éramos todos como amigos, así que el primer tramo era fácil. En Vespucio había que tener ojo, pero el sistema funcionaba. Me paseaba entre los autos como vendedor de flores, mi dedo en alto y la vista en las caras de los conductores. Con un poco de experiencia pude identificar rápidamente a los que tenían cara (y auto) de San Joaquín. Una vez identificados era fácil. Los miraba y les sonreía, haciéndoles ver que yo sabía que iban allá. Y ellos sabían que yo sabía. Y yo sabía que ellos sabían que yo sabía. Y la tensión de no llevarme se les hacía tan insoportable que terminaban abriéndome la puerta.

Pero el semestre en que adelantaron la hora de entrada, todo empezó a fallar. Había menos taco en el semáforo, menos chances de encontrar una cara San Joaquín. Y cuando las encontraba, las caras venían con sueño, atrasadas, no miraban a los ojos. El juego dejó de funcionar. Me tuve que levantar más temprano, iterar en muchos más semáforos para que resultara. Y el camino de ida era terrible. Zombis en un auto por Vespucio. Sin hablar, con sueño, enojados. No volví a hacer amistades haciendo dedo.

Mi primera clase era Probabilidades. Llegaba ahí con sueño, con frío. Con el mal sabor del viaje. Y el profesor hablaba de fórmulas que representaban cosas que nunca podían tocarse. Que difícilmente podían imaginarse. Así que nunca entendí. Me limité a aprender las fórmulas y sacar los ejercicios, rasguñar las pruebas y responder como simio amaestrado. Pero lo que se llama entender, iluminarse, sonreír agradecido con un poquito más de mundo explicado, nunca lo logré.

La lucha duró varios semestres. Después de probabilidades vino Inferencia y luego Econometría. Me arrastré como soldado herido por esos tres semestres. Y si no fui destrozado por el enemigo fue en gran parte gracias a soldados más fuertes que me llevaban en los hombros. La noche antes de la prueba de inferencia llegaba a la casa de la Lore. Su pololo, Edo, que es un sádico, disfrutaba de mis penurias mientras comía pizza de peperonis. La Lore, que es una santa, trataba de responder a mis preguntas que eran de carácter práctico y general, estilo: ¿Qué tengo que aprender para sacarme un azul mañana?

En ocasiones también trataba de ayudarme O’Briyen, una de las personas más inteligentes y más flojas que conozco. Es una combinación extraña, pero en O’Briyen funcionaba muy bien. Su método de estudio era el siguiente. Antes de la prueba resumía toda la materia en una sola hoja de su archivador tamaño escolar. Su resumen no eran palabras, eran gráficos, esquemas y símbolos que solo él podía entender. Luego se tiraba en un sillón por un tiempo que variaba entre uno y cinco minutos a mirar fijamente sus jeroglíficos. Luego largaba un triunfante: ¡listo! y partía a prepararse una piscola o bien se tiraba a dormir en el sillón mientras el resto resolvíamos guías, resumíamos, leíamos y, en general, sufríamos. Al día siguiente siempre estaba entre las cinco mejores notas. En ocasiones, después de haber procesado la información para la prueba, O’Briyen trataba de explicarme algunas distribuciones y fórmulas. Pero yo pienso como una lenta e ineficiente locomotora aristotélica. Y lo de O’Briyen eran económicas y silenciosas secuencias de ceros y unos. Y entremedio piscola. No había entendimiento posible. O’Briyen terminó siendo ayudante de Probabilidades y yo seguí raspando los cuatros hasta que logré superar todo aquello y entrar en materias un poco menos inciertas.

Sin embargo, llegamos a ser buenos amigos. Algunos semestres después, pocos veranos antes de terminar la carrera hicimos un viaje a México. El mochileo más épico de mi vida. Y fue en ese viaje cuando escuché la mejor explicación sobre la inutilidad de todos los esfuerzos por comprender el azar. Estábamos en la estación de buses de Oaxaca comprando boletos para Palenque, unas ruinas perdidas en medio de la selva de Chiapas. Eran los mejores tiempos del subcomandante Marcos y la guerrilla Zapatista. El rumor entre los asustados turistas era que el camino a Palenque podía ser peligroso. La guerrilla detenía buses, asaltaba a los pasajeros y tomaba rehenes. Habíamos ido a México en busca de aventuras, pero nunca tanto, así que le preguntamos al vendedor de pasajes si era verdad que la guerrilla asaltaba buses. El mexicano asintió. “A veces sí”, dijo. Entonces O’Briyen se adelantó y le preguntó qué probabilidades había de que asaltaran un bus.

– Pos que yo le voy a explicar de las probabilidades -el vendedor de boletos le habló a O’Briyen con el tono de quien explica algo muy obvio a un niño muy chico-. Imagínese que yo le digo que lo pueden asaltar y entonces usted no toma el bus y pos que al bus lo asaltan. O yo le digo que la probabilidad es que no lo asalten y usted toma el bus y lo asaltan. ¿Entonces para que le sirven las probabilidades ahí?

O’Briyen abrió la boca pensando la mejor forma de explicar tres semestres en una frase. Pero desistió de inmediato.

– ¿Ve? La probabilidades no sirven para nada -concluyó el vendedor con una sonrisa.

Con el correr del tiempo nos reímos muchas veces de aquella frase. Pero, aunque nunca lo hayamos admitido, en ese momento; sucios, hambreados y asustados en la estación de buses de una ciudad desconocida, le encontramos toda la razón del mundo.

Lunes, 17 septiembre 2007

La Fonda más triste de Chile.

Filed under: Posts de la vida.,Profesiones — Miguel A. Labarca D. @ 10:07 am

Tal cual.

Había decidido renunciar a mi bien remunerado trabajo para empezar mi propio negocio (idea discutible) y con mi socio Parrao se nos ocurrió partir “de a poco” (mala idea) e instalamos nuestra oficina en mi departamento (pésima idea).

En ese tiempo yo estaba tan soltero como un grifo. El departamento que arrendaba en calle Lota era ideal en casi todos los aspectos, salvo al dormir y cocinar. Me dormía tarde por el ruido de los borrachos recogiendo sus autos luego del carrete en el barrio Suecia y me despertaba temprano, con el ruido de las micros que pasaban rugiendo bajo mi ventana a partir de las seis de la mañana. En cuanto al cocinar, estoy seguro que el arquitecto que inventó las cocinas americanas, estoy seguro, nunca se tuvo que hacer un salmón a la plancha y luego, satisfecho, tratar de olvidarlo. Era una cocina para abstemios gastronómicos, cosa que nunca he sido. Así que mi departamento-oficina olía a una mezcla de todos los sabores y cocimientos del mundo que podía ser apetitosa o insoportable según tu estado de ánimo y disposición hacia las experiencias exóticas.

(more…)

Miércoles, 5 septiembre 2007

La solución crea el problema.

Filed under: Posts de la vida. — Miguel A. Labarca D. @ 3:04 pm

Tengo la misma radio reloj desde que era un niño. Me la regalaron en Canal 13 por participar en el Clan Infantil. Esa es una buena historia, pero es otra historia. Despierto con música entonces. No digo “despertamos”, porque se necesita mucho más que una canción matinal para despertar a Andrea. La radio la voy cambiando, pero en general es alguna FM de adulto joven que alterna noticias con canciones a esas tempranas horas. Cuando lo primero que suena son noticias, no pasa nada, pero cuando suena alguna canción el efecto es que esa canción no deja de acosarme durante todo el resto del día. Cuando las tengo es sencillo exorcizarse, simplemente voy al PC y la escucho varias veces hasta que por cansancio abandona mi cabeza. Los problemas comienzan cuando no la tengo. Debo recurrir a google y tipear pedazos de la letra para reconocerla. Una vez identificada antes era cosa de llegar y bajarla. Pero ahora que abandoné el i-Mesh por el famoso “torrent”, me doy cuenta que la necesidad crea el problema. Se suponía que al bajar más en menos tiempo sería más fácil bajar canciones. Pero es más difícil. Nadie sube canciones solas al torrent: al parecer lo encuentran un desperdicio. Ayer, para poder escuchar un gran tema llamado “Brother Louie” de los “Stories” (no confundir con la basura de Modern Talking) tuve que bajar obligado las 100 mejores canciones del año 73. Y ahora que bajé 100 canciones no puedo menos que escucharlas. Estoy en eso. Hay joyas insospechadas , basura atemporal y algunos eternos de siempre. No negaré que escuchar música a través de cortes transversales tiene su encanto, pero es cansador que el progreso complique y agregue en lugar de simplificar. Un día de éstos me enojaré y haré una locura. He llegado hasta el extremo de pensar en comprar mis canciones legalmente. Por ahora sigo manteniendo la cordura, pero nunca se sabe.

Miércoles, 22 agosto 2007

100 Palabras

Filed under: 100 Palabras,Mis CUENTOS,Posts de la vida.,Posts Linkeados. — Miguel A. Labarca D. @ 9:17 pm

La imagen es vieja, pero no encontré otra.

Ya está abierto el concurso “Santiago en 100 Palabras” de Revista Plagio, Metro y Minera Escondida. En tiempos de poco tiempo como éstos tiempos, éste es el mejor concurso literario para flojos y procastinadores como yo. De hecho, en ésta versión se pueden hasta mandar cuentos por internet. Qué mejor, escriben y mandan un cuento entre revisar la cartola del banco y leer al escribidor. Mis lectores fieles ya conocerán éstos cuentos, pero acá los pongo para que los lectores nuevos se animen a concursar (y los lectores viejos reclamen que ya no escribo nada nuevo). Prometo pronto poner otros con los que he concursado y he perdido deshonrosa y anónimamente. Porque para ganar hay que aprender a perder, pues. Hoy ando cacofónico, lo sé y qué fué.

LOS ENANOS
(Mención Honrosa 2001)

La cosa es así: dentro de cada cajero automático hay un enano que cuenta la plata, recibe depósitos y escribe los comprobantes. Cuando algún enano se queda sin plata, corre por las alcantarillas hasta el cajero más cercano, y le pide plata a su colega.
Todos sabemos que los enanos son mal genio, así que a veces pelean y no se prestan plata. Es entonces cuando quedan fuera de servicio. Para pasar la rabia, el enano en cuestión prende un cigarrillo, busca un teléfono público y conversa un rato con el gnomo que da el vuelto.

DEPORTES EXTREMOS.
(Mención Honrosa 2001)

Oficialmente, el record aún lo ostenta Juan “Mundongo” Muñoz: un minuto y dieciséis segundos entre Huérfanos y Alameda, con una chequera. Sin embargo, en Diciembre del ‘95, estuvo a punto de ser destronado por Carlitos “Correcaminos” Parrao, quien zigzagueó a una velocidad increíble, con una cadenita de plata. Lamentablemente, un golpe de maletín en el rostro lo derribó, veinte metros antes de batir el esquivo record. Su victimario, el funcionario de correos Ascanio “Choro” Garrido, anotó nueve puntos buenos y se mantuvo por dos años como líder indiscutido de la categoría “Derribo de Carterista con Objeto Contundente”.

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